El arte urbano y los jóvenes

El arte urbano y los jóvenes

Este VIERNES 6 DE MARZO A LAS 6 PM en Tu rollo en con­fian­za, habla­re­mos sobre el arte urbano que no solo pin­ta muros sino que reve­la reali­da­des.

Un encuen­tro del arte como voz, iden­ti­dad y resis­ten­cia juve­nil.

Te espe­ra­mos.

El desgaste silencioso que afecta nuestro desarrollo emocional. Exigirnos sin cuidarnos

El desgaste silencioso que afecta nuestro desarrollo emocional. Exigirnos sin cuidarnos

Dirce Rubí Hurtado

Maestra en Psicología Clínica y alumna de AMAPSI
psicologadircer@gmail.com

Des­de muy tem­prano apren­de­mos que esfor­zar­nos es valio­so, que cum­plir es nece­sa­rio y que exi­gir­nos es par­te de cre­cer. En muchos con­tex­tos fami­lia­res, esco­la­res y socia­les, la exi­gen­cia se pre­sen­ta como sinó­ni­mo de res­pon­sa­bi­li­dad, for­ta­le­za o madu­rez. Poco a poco, esta idea se inte­gra a nues­tra for­ma de vivir, al pun­to de que exi­gir­se y cum­plir en tiem­po y for­ma deja de ser una elec­ción y se con­vier­te en una mane­ra auto­má­ti­ca de rela­cio­nar­nos con noso­tros mis­mos.

El pro­ble­ma no es el esfuer­zo ni la dis­ci­pli­na en sí, sino cuan­do la exi­gen­cia se vuel­ve cons­tan­te, rígi­da y sin espa­cios de cui­da­do. Cuan­do solo sabe­mos avan­zar empu­ján­do­nos, sin escu­char­nos, el desa­rro­llo emo­cio­nal comien­za a cons­truir­se des­de el des­gas­te y no des­de el equi­li­brio.

Hacer una pau­sa, inclu­so bre­ve, sue­le gene­rar cul­pa. Dete­ner­nos cin­co minu­tos, sen­tar­nos sin “pro­du­cir” o sim­ple­men­te tomar un res­pi­ro pue­de vivir­se como flo­je­ra, debi­li­dad o pér­di­da de tiem­po. Esta cul­pa no apa­re­ce por casua­li­dad: es el resul­ta­do de una exi­gen­cia inter­na­li­za­da que nos dice que siem­pre debe­ría­mos estar hacien­do más.

Sin embar­go, des­de un pun­to de vis­ta emo­cio­nal y físi­co, la pau­sa no es un lujo, sino una nece­si­dad bási­ca. El cuer­po y la men­te requie­ren momen­tos de des­can­so para regu­lar­se, pro­ce­sar y recu­pe­rar­se. Cuan­do no nos per­mi­ti­mos pau­sar, el can­san­cio se acu­mu­la y el des­gas­te se vuel­ve silen­cio­so, pero cons­tan­te.

Con el paso del tiem­po, esta exi­gen­cia sos­te­ni­da va for­man­do una voz inter­na dura, crí­ti­ca y poco com­pa­si­va. Es la voz que mini­mi­za los logros, que insis­te en que “no es sufi­cien­te” o que siem­pre hay algo más “impor­tan­te” que hacer antes de poder des­can­sar o sen­tir­se en paz. Esta voz sue­le igno­rar todo lo que hemos sos­te­ni­do emo­cio­nal­men­te a lo lar­go de la vida: res­pon­sa­bi­li­da­des, deci­sio­nes, cui­da­dos y esfuer­zos que no siem­pre son visi­bles, gene­ran­do una sen­sa­ción per­sis­ten­te de insa­tis­fac­ción per­so­nal.

El desa­rro­llo emo­cio­nal no se limi­ta a cre­cer, avan­zar o lograr metas. Tam­bién impli­ca apren­der a cui­dar­se, a reco­no­cer­se y a res­pe­tar las pro­pias nece­si­da­des emo­cio­na­les y físi­cas. Cre­cer sin cui­da­do pue­de lle­var a resul­ta­dos visi­bles, pero a un alto cos­to interno. Emo­ción y cuer­po fun­cio­nan como un sis­te­ma inte­gra­do; cuan­do igno­ra­mos seña­les de can­san­cio, ten­sión o males­tar, el cuer­po ter­mi­na expre­san­do lo que la men­te no ha podi­do escu­char.

En muchas eta­pas de la vida se ins­ta­la la idea de que, al alcan­zar cier­tos logros o esta­bi­li­dad mate­rial, la satis­fac­ción lle­ga­rá por sí sola. Sin embar­go, cuan­do la exi­gen­cia inter­na no se revi­sa, los logros pue­den con­ver­tir­se en nue­vas fuen­tes de pre­sión.

Tener más no siem­pre se tra­du­ce en estar mejor. En oca­sio­nes, la bús­que­da cons­tan­te de resul­ta­dos incre­men­ta la insa­tis­fac­ción y refuer­za la auto­exi­gen­cia, dejan­do poco espa­cio para dis­fru­tar lo alcan­za­do y reco­no­cer el pro­pio valor.

El auto­cui­da­do no es un pre­mio ni algo que se con­ce­de solo des­pués de cum­plir con todo. Tam­po­co es un acto egoís­ta. Es una res­pon­sa­bi­li­dad per­so­nal que impli­ca reco­no­cer nues­tras nece­si­da­des emo­cio­na­les y físi­cas y aten­der­las de mane­ra cons­cien­te. Nadie más pue­de hacer­lo por noso­tros. Asu­mir esta res­pon­sa­bi­li­dad es revi­sar cómo nos exi­gi­mos, qué tan­to nos escu­cha­mos y si esta­mos dis­pues­tos a incluir­nos en la lis­ta de prio­ri­da­des de nues­tra pro­pia vida.

Cui­dar­se no sig­ni­fi­ca úni­ca­men­te dete­ner el cuer­po. Muchas per­so­nas hacen una pau­sa físi­ca mien­tras la men­te sigue atra­pa­da en pen­dien­tes, preo­cu­pa­cio­nes o exi­gen­cias futu­ras. El cui­da­do real impli­ca estar pre­sen­tes y per­mi­tir­nos dis­fru­tar la pau­sa sin cas­ti­gar­nos men­tal­men­te. Tomar un café con­ti­go, salir a cami­nar, con­vi­vir con otras per­so­nas, o sim­ple­men­te guar­dar silen­cio pue­den con­ver­tir­se en espa­cios de cone­xión y apa­pa­chos cuan­do se viven sin cul­pa y con aten­ción ple­na.

La cohe­ren­cia per­so­nal se cons­tru­ye cuan­do la for­ma en que nos exi­gi­mos es com­pa­ti­ble con lo que nece­si­ta­mos emo­cio­nal y físi­ca­men­te. La mane­ra en que nos habla­mos, el tono de nues­tra voz inter­na y cómo nos tra­ta­mos influ­yen direc­ta­men­te en nues­tro bien­es­tar. Una exi­gen­cia cons­cien­te acom­pa­ña, orien­ta y cui­da. El auto­cui­da­do per­mi­te avan­zar con mayor ecua­ni­mi­dad, poco a poco, sin caer en una auto­exi­gen­cia que ter­mi­na for­zan­do más de lo que sos­tie­ne.

¿La for­ma en que hoy nos exi­gi­mos nos está ayu­dan­do a cre­cer… o nos está des­gas­tan­do silen­cio­sa­men­te?

Hablemos de competencias parentales — Psic. María Fernanda Nava Zamora

Esta con­fe­ren­cia abor­dó el tema de las com­pe­ten­cias paren­ta­les, pre­sen­ta­da por la psi­có­lo­ga María Fer­nan­da Nava Zamo­ra como par­te de la escue­la para padres de Amap­si. La ponen­te expli­có que las com­pe­ten­cias paren­ta­les son el con­jun­to de cono­ci­mien­tos, capa­ci­da­des, dis­po­si­cio­nes y habi­li­da­des que tie­nen los padres, madres o adul­tos res­pon­sa­bles para ejer­cer la crian­za con el fin de cui­dar, edu­car y for­mar a niños, niñas y ado­les­cen­tes.

Conceptos clave

  • Las com­pe­ten­cias paren­ta­les se divi­den en: vin­cu­la­res (ape­go), pro­tec­to­ras (cui­da­do), for­ma­ti­vas (edu­ca­ción) y refle­xi­vas (auto­eva­lua­ción)
  • Exis­ten dos tipos de paren­ta­li­dad: bio­ló­gi­ca y social, sien­do esta últi­ma la que se desa­rro­lla con el tiem­po
  • Las com­pe­ten­cias paren­ta­les no son inna­tas, sino que se apren­den, desa­rro­llan y prac­ti­can
  • Estas com­pe­ten­cias evo­lu­cio­nan según la eta­pa de desa­rro­llo del niño o ado­les­cen­te

Preguntas importantes

  • ¿Cómo pue­den los abue­los que son cui­da­do­res desa­rro­llar com­pe­ten­cias paren­ta­les efec­ti­vas?
  • ¿Cómo mane­jar las dife­ren­cias entre los esti­los de crian­za de padres y abue­los?
  • ¿Cómo adap­tar las com­pe­ten­cias paren­ta­les a las dife­ren­tes eda­des de los hijos?
  • ¿Cómo equi­li­brar el uso de la tec­no­lo­gía con una comu­ni­ca­ción fami­liar efec­ti­va?

Competencias parentales y su importancia

Las com­pe­ten­cias paren­ta­les son el con­jun­to de cono­ci­mien­tos, capa­ci­da­des y habi­li­da­des que per­mi­ten a los padres, madres o cui­da­do­res ejer­cer ade­cua­da­men­te su rol en la crian­za. La psi­có­lo­ga María Fer­nan­da expli­có que estas com­pe­ten­cias no vie­nen auto­má­ti­ca­men­te con la pro­crea­ción de un hijo (paren­ta­li­dad bio­ló­gi­ca), sino que se desa­rro­llan con el tiem­po (paren­ta­li­dad social).

Un aspec­to fun­da­men­tal es que estas com­pe­ten­cias no son está­ti­cas, sino que evo­lu­cio­nan según la eta­pa de desa­rro­llo del niño. No es lo mis­mo criar a un bebé que a un ado­les­cen­te, por lo que los padres deben adap­tar­se cons­tan­te­men­te. Ade­más, muchas de estas com­pe­ten­cias se basan en mode­los apren­di­dos duran­te nues­tra pro­pia infan­cia, aun­que siem­pre exis­te la posi­bi­li­dad de modi­fi­car­los y mejo­rar­los.

Las com­pe­ten­cias paren­ta­les se divi­den en cua­tro cate­go­rías prin­ci­pa­les:

  1. Com­pe­ten­cias vin­cu­la­res: Rela­cio­na­das con el ape­go y el desa­rro­llo socio­emo­cio­nal. Inclu­yen la capa­ci­dad de mos­trar afec­to, vali­dar emo­cio­nes, escu­char acti­va­men­te y sin­to­ni­zar emo­cio­nal­men­te con los hijos.
  2. Com­pe­ten­cias for­ma­ti­vas: Diri­gi­das a favo­re­cer el desa­rro­llo, apren­di­za­je y socia­li­za­ción. Inclu­yen esta­ble­cer ruti­nas, hora­rios, reglas cla­ras y expli­car el por­qué de las nor­mas.
  3. Com­pe­ten­cias pro­tec­to­ras: Enfo­ca­das en el cui­da­do físi­co y emo­cio­nal. Abar­can des­de la ali­men­ta­ción y salud físi­ca has­ta la pro­tec­ción emo­cio­nal y la edu­ca­ción sexual.
  4. Com­pe­ten­cias refle­xi­vas: Impli­can la capa­ci­dad de los padres para auto­eva­luar­se, moni­to­rear su desem­pe­ño y refle­xio­nar sobre su rol paren­tal.

Desarrollo de competencias parentales

Las com­pe­ten­cias paren­ta­les pue­den fomen­tar­se de diver­sas mane­ras. La ponen­te des­ta­có la impor­tan­cia de las mues­tras de afec­to, los diá­lo­gos for­ma­ti­vos, la orga­ni­za­ción de momen­tos exclu­si­vos para com­par­tir en fami­lia y la refle­xión sobre cómo las accio­nes y emo­cio­nes de los padres impac­tan en el desa­rro­llo de los hijos.

Un pun­to impor­tan­te es la comu­ni­ca­ción efec­ti­va. María Fer­nan­da men­cio­nó la nece­si­dad de escu­char real­men­te a los hijos, no solo físi­ca­men­te sino “con los ojos”, pres­tan­do total aten­ción. Esto impli­ca dejar de lado dis­trac­cio­nes como los telé­fo­nos celu­la­res duran­te estos momen­tos de cone­xión.

Tam­bién se abor­dó la impor­tan­cia de vali­dar las emo­cio­nes de los niños. En lugar de decir­les “no llo­res” o “no te eno­jes”, es más efec­ti­vo ayu­dar­les a regu­lar sus emo­cio­nes, reco­no­cien­do que todas las emo­cio­nes son váli­das, aun­que deba­mos con­tro­lar las accio­nes deri­va­das de ellas.

La ponen­te enfa­ti­zó que las com­pe­ten­cias paren­ta­les tie­nen un impac­to direc­to en el desa­rro­llo pre­sen­te y futu­ro de los hijos. Lo que apren­dan en su infan­cia y ado­les­cen­cia les ser­vi­rá para toda la vida, influ­yen­do en su capa­ci­dad para comu­ni­car­se, resol­ver con­flic­tos y desa­rro­llar resi­lien­cia.

Conclusiones y reflexiones finales

La psi­có­lo­ga María Fer­nan­da con­clu­yó des­ta­can­do que las com­pe­ten­cias paren­ta­les siem­pre pue­den apren­der­se y desa­rro­llar­se. Gra­cias a la plas­ti­ci­dad cere­bral, todos tene­mos la capa­ci­dad de adap­tar­nos, cam­biar y mejo­rar nues­tras habi­li­da­des como padres.

Es impor­tan­te que los padres refle­xio­nen cons­tan­te­men­te sobre su rol, eva­luan­do qué aspec­tos de su crian­za fun­cio­nan y cuá­les podrían mejo­rar. No se tra­ta de ser per­fec­tos, sino de estar dis­pues­tos a apren­der y adap­tar­se a las nece­si­da­des cam­bian­tes de los hijos en cada eta­pa de su desa­rro­llo.

La ponen­te tam­bién des­ta­có la impor­tan­cia de la comu­ni­ca­ción fami­liar y el esta­ble­ci­mien­to de reglas cla­ras y con­sis­ten­tes, espe­cial­men­te cuan­do hay varios adul­tos invo­lu­cra­dos en la crian­za (como padres y abue­los).

Final­men­te, se enfa­ti­zó que el obje­ti­vo de desa­rro­llar com­pe­ten­cias paren­ta­les es garan­ti­zar el bien­es­tar físi­co y emo­cio­nal de los niños, niñas y ado­les­cen­tes, pre­pa­rán­do­los para ser adul­tos salu­da­bles, resi­lien­tes y capa­ces de esta­ble­cer rela­cio­nes posi­ti­vas.

Presentación del diplomado en problemas del lenguaje y el habla

Presentación del diplomado en problemas del lenguaje y el habla

AMAPSI invi­ta a la Pre­sen­ta­ción del Diplo­ma­do en Pro­ble­mas del Len­gua­je y el Habla MARTES 24 DE FEBRERO A LAS 6:30 PM.

Cono­ce nues­tro pro­gra­ma aca­dé­mi­co orien­ta­do a brin­dar herra­mien­tas teó­ri­cas y prác­ti­cas para la eva­lua­ción e inter­ven­ción en difi­cul­ta­des del len­gua­je y el habla.

Duran­te esta sesión infor­ma­ti­va com­par­ti­re­mos el enfo­que del diplo­ma­do, con­te­ni­dos, moda­li­dad y pro­ce­so de ins­crip­ción.

ÉSTE ES EL ENLACE: https://us02web.zoom.us/j/4674159978