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AMAPSI, te invita a la plática sobre un tema fundamental para la convivencia familiar: “Respeto y empatía entre padres e hijos” este viernes 17 de abril a las 7 pm.
En este espacio reflexionaremos sobre la importancia de fortalecer la comunicación, comprender emociones y construir relaciones basadas en el respeto y la empatía dentro del hogar.
AMAPSI invita a jóvenes de 13 a 18 años a participar en el espacio de Tu rollo en confianza este VIERNES 27 DE MARZO a las 6 pm, hablaremos de los sentimientos y emociones de los jóvenes, donde promoveremos la reflexión y el diálogo en torno sus vivencias emocionales.
Esta conferencia abordó la importancia de la salud mental de los padres y madres en el proceso de crianza, enfatizando cómo el bienestar emocional de los cuidadores impacta directamente en el desarrollo saludable de niños, niñas y adolescentes. Brenda presentó un recorrido por las diferentes etapas del desarrollo infantil, desde la primera infancia hasta la adolescencia, identificando las necesidades específicas de cada periodo y el rol fundamental que juegan los adultos como figuras de seguridad y acompañamiento. La ponencia destacó que la crianza es un proceso estresante que requiere autocuidado constante, y que no se busca la perfección sino la presencia consciente y el compromiso con el propio bienestar para poder ofrecer una crianza más saludable.
Conceptos clave o teorías
Etapas del desarrollo: Primera infancia (0–5 años), infancia (6–11 años) y adolescencia, cada una con necesidades específicas
Autocuidado como prioridad: Cuidarse a uno mismo para poder cuidar mejor a los hijos
Presencia vs. perfección: Los niños no necesitan padres perfectos, sino padres presentes
Salud mental parental: El estado emocional de los padres afecta directamente la crianza y el desarrollo infantil
Monitoreo emocional: Sistema de semáforo (verde, amarillo, rojo) para identificar el estado de bienestar
Resignificación del trabajo: Cambiar la percepción del trabajo como algo que separa, a algo que aporta valor
Preguntas importantes planteadas
¿Cuál es mi historia de crianza y cómo me sentía en casa cuando era niño/a?
¿Hay cosas que mejoraría, cambiaría o evitaría de mi propia infancia?
¿Cómo eran mis cuidadores y qué tipo de cuidado me ofrecían?
¿Cómo me estoy sintiendo la mayoría de mis días?
¿Cuáles son mis redes de apoyo y a quién puedo acudir cuando necesito ayuda?
¿Qué compromiso me llevo hoy para mejorar la crianza en casa?
Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje
La salud mental de los padres es fundamental para ofrecer una crianza saludable y presente
Cada etapa del desarrollo infantil tiene necesidades específicas que los cuidadores deben conocer y atender
El autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad para poder acompañar adecuadamente a los hijos
No podemos cambiar la infancia que tuvimos, pero sí podemos cambiar la infancia que ofrecemos
Los niños necesitan adultos presentes, no perfectos, que les brinden seguridad y validación
El monitoreo emocional constante permite identificar cuándo necesitamos hacer cambios en nuestro bienestar
Pequeños cambios cotidianos pueden generar grandes mejoras en la salud mental y la crianza
El trabajo debe resignificarse como algo positivo que aporta, no como algo que separa de los hijos
Tema 1: Etapas del desarrollo infantil y sus necesidades
Brenda presentó un recorrido detallado por las principales etapas del desarrollo, comenzando con la primera infancia (0–5 años), periodo caracterizado por el descubrimiento del mundo a través de los sentidos y el movimiento. En esta etapa, los niños requieren fundamentalmente seguridad, que se construye a través de la presencia constante de los cuidadores, rutinas predecibles y límites claros que funcionan como formas de cuidado. Las rutinas son especialmente importantes porque ayudan a los niños a predecir lo que viene, facilitando su comprensión del mundo y reduciendo la ansiedad.
La infancia (6–11/12 años) se caracteriza por una mayor independencia y autonomía motriz. Los niños comienzan a tomar decisiones simples, desarrollan el sentido de pertenencia a través de grupos de amigos, y van construyendo su autoconcepto basándose en lo que son capaces de lograr. Durante esta etapa, la demanda académica aumenta y los niños enfrentan retos más complejos en sus relaciones sociales. El papel del adulto es crucial para ofrecer reconocimiento de sus capacidades y ayudarles a desarrollar estrategias de regulación emocional ante el fracaso, el rechazo o las dificultades. La validación se convierte en una necesidad fundamental que los padres deben satisfacer.
La adolescencia representa un periodo crítico marcado por cambios físicos, hormonales y de crecimiento que colocan al joven en una posición intermedia entre la niñez y la adultez. Durante esta etapa se construye la identidad, se busca la separación emocional de los padres, y el sentido de pertenencia a grupos fuera de la familia se vuelve primordial. Los adolescentes buscan independencia y pueden mostrar resistencia a la autoridad parental. Lo que necesitan en esta etapa es escucha activa, respeto, acompañamiento y límites firmes pero flexibles. Es importante que los padres estén preparados para ser cuestionados y mantengan canales de diálogo abiertos, escuchando genuinamente las dudas, miedos y angustias del adolescente en lugar de simplemente dar instrucciones.
Tema 2: Autocuidado y salud mental parental
Brenda utilizó la analogía de las mascarillas de oxígeno en los aviones para ilustrar la importancia del autocuidado: primero debemos colocarnos nuestra propia mascarilla antes de ayudar a otros. Este principio aplica directamente a la crianza: los padres deben cuidar de sí mismos primero para poder acompañar de manera saludable a sus hijos. La crianza es inherentemente estresante, con demandas que varían según cada etapa del desarrollo, y estas exigencias provienen no solo de las necesidades reales de los niños, sino también de las propias creencias, estilos y formas en que los padres fueron criados.
Se identificaron varios factores que afectan la salud psicológica de los padres: la sobrecarga de responsabilidades en un ritmo de vida acelerado, el estrés laboral, las distancias que se recorren diariamente, las situaciones económicas, y en muchos casos, que una sola persona lleve toda la responsabilidad del cuidado y la provisión. La falta de sueño y el cansancio impactan negativamente porque generan irritabilidad y disminuyen el rendimiento. El aislamiento social es otro factor importante, ya que dificulta compartir cómo nos sentimos y puede llevar a recibir comentarios invalidantes. La dificultad para pedir ayuda, los problemas de pareja o trabajo, y los antecedentes personales de ansiedad o depresión también afectan significativamente el bienestar emocional.
Brenda presentó un sistema de semáforo emocional para facilitar el monitoreo del estado de bienestar. El estado “verde” representa condiciones óptimas: actitud positiva, iniciativa, capacidad de disfrutar, interés por compartir y aprender, y empatía hacia los demás. El estado “amarillo” indica señales de alerta: sentimiento de estar estancado, desinterés, aislamiento, confusión sobre las decisiones, insatisfacción personal y miedo. Cuando alguien se encuentra en amarillo durante las últimas dos semanas o un mes, es momento de empezar a hacer cambios: buscar actividades que generen interés y placer, compartir con personas cercanas que aporten bienestar. El estado “rojo” representa una situación más crítica: irritabilidad constante, incapacidad para disfrutar, preocupación excesiva por cosas que quizás no ocurran, sentimiento de desesperanza y aislamiento. Llegar al rojo no significa que todo esté perdido, pero sí requiere atención inmediata y posiblemente ayuda profesional.
Para mejorar la salud mental, Brenda propuso comenzar con cambios pequeños y accesibles: cuidar la higiene del sueño (evitar pantallas antes de dormir, crear un ambiente cómodo para descansar), mantener una alimentación adecuada (consumir suficiente agua y verduras), dedicar tiempo libre para actividades placenteras (aunque sean solo unos minutos), aprender a delegar responsabilidades y tolerar que las cosas no se hagan exactamente como uno quiere, practicar la autocompasión y la gratitud (reconocer el esfuerzo propio y enfocarse en lo que sí se tiene y se puede hacer), realizar ejercicios de respiración antes de reaccionar ante situaciones estresantes, y llevar un monitoreo emocional constante que puede hacerse mediante un diario o aplicaciones del teléfono.
Tema 3: Impacto del estado emocional parental en la crianza
El estado emocional de los padres no solo afecta su propio bienestar, sino que tiene un impacto directo en todos los aspectos de la crianza y el desarrollo de los hijos. Brenda explicó que las emociones no existen de forma aislada, sino que forman parte de un sistema interconectado que incluye cuatro componentes: la emoción misma, la cognición (pensamientos), la conducta (acciones) y las relaciones con otros. Este sistema funciona como un engranaje donde cada elemento afecta a los demás.
Por ejemplo, en un estado de enojo, la emoción es la ira, la cognición puede ser “todo el mundo me hace enojar, nadie me entiende”, la conducta resultante puede ser gritar, aventar puertas, agredir o aislarse, y esto finalmente afecta las relaciones con las personas del entorno. Como nos pensamos, nos sentimos: si comenzamos a pensar que todo está mal, que nada nos gusta, que nadie nos entiende, que no lo estamos haciendo bien, la emoción generará una respuesta de tristeza, enojo, frustración o impotencia. Por eso es fundamental cuidar la salud psicológica, porque no solo impacta cómo nos sentimos individualmente, sino también cómo actuamos y cómo nos relacionamos con nuestros hijos.
Un mensaje central de la conferencia fue que “un adulto regulado cría con mayor calma, un adulto saturado reacciona”. Los niños, niñas y adolescentes se dan cuenta de lo que ocurre con sus padres, perciben cuando mamá o papá no se encuentran bien, y aunque los padres intenten ocultarlo, la interacción cambia. Es importante poder comunicar las emociones de manera apropiada según la edad de los hijos. Con un niño de 5 o 6 años, por ejemplo, no se trata de que entienda completamente la situación, sino de que aprenda que las emociones se nombran, que existen y que son válidas. Hay problemas de adultos que no son responsabilidad de los niños resolver, pero sí se puede compartir de manera simple: “en este momento me siento triste” o “en este momento me siento enojada”.
Brenda enfatizó que los niños no requieren padres perfectos, sino padres presentes. La presencia implica estar disponible emocionalmente, validar sus experiencias, escuchar activamente y ser un lugar de seguridad. Las expectativas irreales de ser padres perfectos con hijos que se porten bien, vayan bien en la escuela y practiquen deportes, generan presión innecesaria. Los padres tienen permiso para no estar bien todo el tiempo, para cometer errores, para tener días difíciles. Lo importante es reconocer estos estados, gestionarlos adecuadamente y mantener la presencia y el compromiso con el bienestar propio y el de los hijos.