Respeto y empatía entre padres e hijos — Psic. Rita Nayut Machuca Cabrera

Respeto y empatía entre padres e hijos — Psic. Rita Nayut Machuca Cabrera

AMAPSI, te invi­ta a la plá­ti­ca sobre un tema fun­da­men­tal para la con­vi­ven­cia fami­liar: “Res­pe­to y empa­tía entre padres e hijos” este vier­nes 17 de abril a las 7 pm.

En este espa­cio refle­xio­na­re­mos sobre la impor­tan­cia de for­ta­le­cer la comu­ni­ca­ción, com­pren­der emo­cio­nes y cons­truir rela­cio­nes basa­das en el res­pe­to y la empa­tía den­tro del hogar.

Sentimientos y emociones de los jóvenes

Sentimientos y emociones de los jóvenes

AMAPSI invi­ta a jóve­nes de 13 a 18 años a par­ti­ci­par en el espa­cio de Tu rollo en con­fian­za este VIERNES 27 DE MARZO a las 6 pm, habla­re­mos de los sen­ti­mien­tos y emo­cio­nes de los jóve­nes, don­de pro­mo­ve­re­mos la refle­xión y el diá­lo­go en torno sus viven­cias emo­cio­na­les.

La crianza y la salud psicológica de madres y padres — Psic. Brenda Jazmín Ponce Soriano

Esta con­fe­ren­cia abor­dó la impor­tan­cia de la salud men­tal de los padres y madres en el pro­ce­so de crian­za, enfa­ti­zan­do cómo el bien­es­tar emo­cio­nal de los cui­da­do­res impac­ta direc­ta­men­te en el desa­rro­llo salu­da­ble de niños, niñas y ado­les­cen­tes. Bren­da pre­sen­tó un reco­rri­do por las dife­ren­tes eta­pas del desa­rro­llo infan­til, des­de la pri­me­ra infan­cia has­ta la ado­les­cen­cia, iden­ti­fi­can­do las nece­si­da­des espe­cí­fi­cas de cada perio­do y el rol fun­da­men­tal que jue­gan los adul­tos como figu­ras de segu­ri­dad y acom­pa­ña­mien­to. La ponen­cia des­ta­có que la crian­za es un pro­ce­so estre­san­te que requie­re auto­cui­da­do cons­tan­te, y que no se bus­ca la per­fec­ción sino la pre­sen­cia cons­cien­te y el com­pro­mi­so con el pro­pio bien­es­tar para poder ofre­cer una crian­za más salu­da­ble.

Conceptos clave o teorías

  • Eta­pas del desa­rro­llo: Pri­me­ra infan­cia (0–5 años), infan­cia (6–11 años) y ado­les­cen­cia, cada una con nece­si­da­des espe­cí­fi­cas
  • Auto­cui­da­do como prio­ri­dad: Cui­dar­se a uno mis­mo para poder cui­dar mejor a los hijos
  • Pre­sen­cia vs. per­fec­ción: Los niños no nece­si­tan padres per­fec­tos, sino padres pre­sen­tes
  • Salud men­tal paren­tal: El esta­do emo­cio­nal de los padres afec­ta direc­ta­men­te la crian­za y el desa­rro­llo infan­til
  • Moni­to­reo emo­cio­nal: Sis­te­ma de semá­fo­ro (ver­de, ama­ri­llo, rojo) para iden­ti­fi­car el esta­do de bien­es­tar
  • Resig­ni­fi­ca­ción del tra­ba­jo: Cam­biar la per­cep­ción del tra­ba­jo como algo que sepa­ra, a algo que apor­ta valor

Preguntas importantes planteadas

  • ¿Cuál es mi his­to­ria de crian­za y cómo me sen­tía en casa cuan­do era niño/a?
  • ¿Hay cosas que mejo­ra­ría, cam­bia­ría o evi­ta­ría de mi pro­pia infan­cia?
  • ¿Cómo eran mis cui­da­do­res y qué tipo de cui­da­do me ofre­cían?
  • ¿Cómo me estoy sin­tien­do la mayo­ría de mis días?
  • ¿Cuá­les son mis redes de apo­yo y a quién pue­do acu­dir cuan­do nece­si­to ayu­da?
  • ¿Qué com­pro­mi­so me lle­vo hoy para mejo­rar la crian­za en casa?

Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje

  • La salud men­tal de los padres es fun­da­men­tal para ofre­cer una crian­za salu­da­ble y pre­sen­te
  • Cada eta­pa del desa­rro­llo infan­til tie­ne nece­si­da­des espe­cí­fi­cas que los cui­da­do­res deben cono­cer y aten­der
  • El auto­cui­da­do no es egoís­mo, sino una nece­si­dad para poder acom­pa­ñar ade­cua­da­men­te a los hijos
  • No pode­mos cam­biar la infan­cia que tuvi­mos, pero sí pode­mos cam­biar la infan­cia que ofre­ce­mos
  • Los niños nece­si­tan adul­tos pre­sen­tes, no per­fec­tos, que les brin­den segu­ri­dad y vali­da­ción
  • El moni­to­reo emo­cio­nal cons­tan­te per­mi­te iden­ti­fi­car cuán­do nece­si­ta­mos hacer cam­bios en nues­tro bien­es­tar
  • Peque­ños cam­bios coti­dia­nos pue­den gene­rar gran­des mejo­ras en la salud men­tal y la crian­za
  • El tra­ba­jo debe resig­ni­fi­car­se como algo posi­ti­vo que apor­ta, no como algo que sepa­ra de los hijos

Tema 1: Etapas del desarrollo infantil y sus necesidades

Bren­da pre­sen­tó un reco­rri­do deta­lla­do por las prin­ci­pa­les eta­pas del desa­rro­llo, comen­zan­do con la pri­me­ra infan­cia (0–5 años), perio­do carac­te­ri­za­do por el des­cu­bri­mien­to del mun­do a tra­vés de los sen­ti­dos y el movi­mien­to. En esta eta­pa, los niños requie­ren fun­da­men­tal­men­te segu­ri­dad, que se cons­tru­ye a tra­vés de la pre­sen­cia cons­tan­te de los cui­da­do­res, ruti­nas pre­de­ci­bles y lími­tes cla­ros que fun­cio­nan como for­mas de cui­da­do. Las ruti­nas son espe­cial­men­te impor­tan­tes por­que ayu­dan a los niños a pre­de­cir lo que vie­ne, faci­li­tan­do su com­pren­sión del mun­do y redu­cien­do la ansie­dad.

La infan­cia (6–11/12 años) se carac­te­ri­za por una mayor inde­pen­den­cia y auto­no­mía motriz. Los niños comien­zan a tomar deci­sio­nes sim­ples, desa­rro­llan el sen­ti­do de per­te­nen­cia a tra­vés de gru­pos de ami­gos, y van cons­tru­yen­do su auto­con­cep­to basán­do­se en lo que son capa­ces de lograr. Duran­te esta eta­pa, la deman­da aca­dé­mi­ca aumen­ta y los niños enfren­tan retos más com­ple­jos en sus rela­cio­nes socia­les. El papel del adul­to es cru­cial para ofre­cer reco­no­ci­mien­to de sus capa­ci­da­des y ayu­dar­les a desa­rro­llar estra­te­gias de regu­la­ción emo­cio­nal ante el fra­ca­so, el recha­zo o las difi­cul­ta­des. La vali­da­ción se con­vier­te en una nece­si­dad fun­da­men­tal que los padres deben satis­fa­cer.

La ado­les­cen­cia repre­sen­ta un perio­do crí­ti­co mar­ca­do por cam­bios físi­cos, hor­mo­na­les y de cre­ci­mien­to que colo­can al joven en una posi­ción inter­me­dia entre la niñez y la adul­tez. Duran­te esta eta­pa se cons­tru­ye la iden­ti­dad, se bus­ca la sepa­ra­ción emo­cio­nal de los padres, y el sen­ti­do de per­te­nen­cia a gru­pos fue­ra de la fami­lia se vuel­ve pri­mor­dial. Los ado­les­cen­tes bus­can inde­pen­den­cia y pue­den mos­trar resis­ten­cia a la auto­ri­dad paren­tal. Lo que nece­si­tan en esta eta­pa es escu­cha acti­va, res­pe­to, acom­pa­ña­mien­to y lími­tes fir­mes pero fle­xi­bles. Es impor­tan­te que los padres estén pre­pa­ra­dos para ser cues­tio­na­dos y man­ten­gan cana­les de diá­lo­go abier­tos, escu­chan­do genui­na­men­te las dudas, mie­dos y angus­tias del ado­les­cen­te en lugar de sim­ple­men­te dar ins­truc­cio­nes.

Tema 2: Autocuidado y salud mental parental

Bren­da uti­li­zó la ana­lo­gía de las mas­ca­ri­llas de oxí­geno en los avio­nes para ilus­trar la impor­tan­cia del auto­cui­da­do: pri­me­ro debe­mos colo­car­nos nues­tra pro­pia mas­ca­ri­lla antes de ayu­dar a otros. Este prin­ci­pio apli­ca direc­ta­men­te a la crian­za: los padres deben cui­dar de sí mis­mos pri­me­ro para poder acom­pa­ñar de mane­ra salu­da­ble a sus hijos. La crian­za es inhe­ren­te­men­te estre­san­te, con deman­das que varían según cada eta­pa del desa­rro­llo, y estas exi­gen­cias pro­vie­nen no solo de las nece­si­da­des reales de los niños, sino tam­bién de las pro­pias creen­cias, esti­los y for­mas en que los padres fue­ron cria­dos.

Se iden­ti­fi­ca­ron varios fac­to­res que afec­tan la salud psi­co­ló­gi­ca de los padres: la sobre­car­ga de res­pon­sa­bi­li­da­des en un rit­mo de vida ace­le­ra­do, el estrés labo­ral, las dis­tan­cias que se reco­rren dia­ria­men­te, las situa­cio­nes eco­nó­mi­cas, y en muchos casos, que una sola per­so­na lle­ve toda la res­pon­sa­bi­li­dad del cui­da­do y la pro­vi­sión. La fal­ta de sue­ño y el can­san­cio impac­tan nega­ti­va­men­te por­que gene­ran irri­ta­bi­li­dad y dis­mi­nu­yen el ren­di­mien­to. El ais­la­mien­to social es otro fac­tor impor­tan­te, ya que difi­cul­ta com­par­tir cómo nos sen­ti­mos y pue­de lle­var a reci­bir comen­ta­rios inva­li­dan­tes. La difi­cul­tad para pedir ayu­da, los pro­ble­mas de pare­ja o tra­ba­jo, y los ante­ce­den­tes per­so­na­les de ansie­dad o depre­sión tam­bién afec­tan sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el bien­es­tar emo­cio­nal.

Bren­da pre­sen­tó un sis­te­ma de semá­fo­ro emo­cio­nal para faci­li­tar el moni­to­reo del esta­do de bien­es­tar. El esta­do “ver­de” repre­sen­ta con­di­cio­nes ópti­mas: acti­tud posi­ti­va, ini­cia­ti­va, capa­ci­dad de dis­fru­tar, inte­rés por com­par­tir y apren­der, y empa­tía hacia los demás. El esta­do “ama­ri­llo” indi­ca seña­les de aler­ta: sen­ti­mien­to de estar estan­ca­do, desin­te­rés, ais­la­mien­to, con­fu­sión sobre las deci­sio­nes, insa­tis­fac­ción per­so­nal y mie­do. Cuan­do alguien se encuen­tra en ama­ri­llo duran­te las últi­mas dos sema­nas o un mes, es momen­to de empe­zar a hacer cam­bios: bus­car acti­vi­da­des que gene­ren inte­rés y pla­cer, com­par­tir con per­so­nas cer­ca­nas que apor­ten bien­es­tar. El esta­do “rojo” repre­sen­ta una situa­ción más crí­ti­ca: irri­ta­bi­li­dad cons­tan­te, inca­pa­ci­dad para dis­fru­tar, preo­cu­pa­ción exce­si­va por cosas que qui­zás no ocu­rran, sen­ti­mien­to de des­es­pe­ran­za y ais­la­mien­to. Lle­gar al rojo no sig­ni­fi­ca que todo esté per­di­do, pero sí requie­re aten­ción inme­dia­ta y posi­ble­men­te ayu­da pro­fe­sio­nal.

Para mejo­rar la salud men­tal, Bren­da pro­pu­so comen­zar con cam­bios peque­ños y acce­si­bles: cui­dar la higie­ne del sue­ño (evi­tar pan­ta­llas antes de dor­mir, crear un ambien­te cómo­do para des­can­sar), man­te­ner una ali­men­ta­ción ade­cua­da (con­su­mir sufi­cien­te agua y ver­du­ras), dedi­car tiem­po libre para acti­vi­da­des pla­cen­te­ras (aun­que sean solo unos minu­tos), apren­der a dele­gar res­pon­sa­bi­li­da­des y tole­rar que las cosas no se hagan exac­ta­men­te como uno quie­re, prac­ti­car la auto­com­pa­sión y la gra­ti­tud (reco­no­cer el esfuer­zo pro­pio y enfo­car­se en lo que sí se tie­ne y se pue­de hacer), rea­li­zar ejer­ci­cios de res­pi­ra­ción antes de reac­cio­nar ante situa­cio­nes estre­san­tes, y lle­var un moni­to­reo emo­cio­nal cons­tan­te que pue­de hacer­se median­te un dia­rio o apli­ca­cio­nes del telé­fono.

Tema 3: Impacto del estado emocional parental en la crianza

El esta­do emo­cio­nal de los padres no solo afec­ta su pro­pio bien­es­tar, sino que tie­ne un impac­to direc­to en todos los aspec­tos de la crian­za y el desa­rro­llo de los hijos. Bren­da expli­có que las emo­cio­nes no exis­ten de for­ma ais­la­da, sino que for­man par­te de un sis­te­ma inter­co­nec­ta­do que inclu­ye cua­tro com­po­nen­tes: la emo­ción mis­ma, la cog­ni­ción (pen­sa­mien­tos), la con­duc­ta (accio­nes) y las rela­cio­nes con otros. Este sis­te­ma fun­cio­na como un engra­na­je don­de cada ele­men­to afec­ta a los demás.

Por ejem­plo, en un esta­do de eno­jo, la emo­ción es la ira, la cog­ni­ción pue­de ser “todo el mun­do me hace eno­jar, nadie me entien­de”, la con­duc­ta resul­tan­te pue­de ser gri­tar, aven­tar puer­tas, agre­dir o ais­lar­se, y esto final­men­te afec­ta las rela­cio­nes con las per­so­nas del entorno. Como nos pen­sa­mos, nos sen­ti­mos: si comen­za­mos a pen­sar que todo está mal, que nada nos gus­ta, que nadie nos entien­de, que no lo esta­mos hacien­do bien, la emo­ción gene­ra­rá una res­pues­ta de tris­te­za, eno­jo, frus­tra­ción o impo­ten­cia. Por eso es fun­da­men­tal cui­dar la salud psi­co­ló­gi­ca, por­que no solo impac­ta cómo nos sen­ti­mos indi­vi­dual­men­te, sino tam­bién cómo actua­mos y cómo nos rela­cio­na­mos con nues­tros hijos.

Un men­sa­je cen­tral de la con­fe­ren­cia fue que “un adul­to regu­la­do cría con mayor cal­ma, un adul­to satu­ra­do reac­cio­na”. Los niños, niñas y ado­les­cen­tes se dan cuen­ta de lo que ocu­rre con sus padres, per­ci­ben cuan­do mamá o papá no se encuen­tran bien, y aun­que los padres inten­ten ocul­tar­lo, la inter­ac­ción cam­bia. Es impor­tan­te poder comu­ni­car las emo­cio­nes de mane­ra apro­pia­da según la edad de los hijos. Con un niño de 5 o 6 años, por ejem­plo, no se tra­ta de que entien­da com­ple­ta­men­te la situa­ción, sino de que apren­da que las emo­cio­nes se nom­bran, que exis­ten y que son váli­das. Hay pro­ble­mas de adul­tos que no son res­pon­sa­bi­li­dad de los niños resol­ver, pero sí se pue­de com­par­tir de mane­ra sim­ple: “en este momen­to me sien­to tris­te” o “en este momen­to me sien­to eno­ja­da”.

Bren­da enfa­ti­zó que los niños no requie­ren padres per­fec­tos, sino padres pre­sen­tes. La pre­sen­cia impli­ca estar dis­po­ni­ble emo­cio­nal­men­te, vali­dar sus expe­rien­cias, escu­char acti­va­men­te y ser un lugar de segu­ri­dad. Las expec­ta­ti­vas irrea­les de ser padres per­fec­tos con hijos que se por­ten bien, vayan bien en la escue­la y prac­ti­quen depor­tes, gene­ran pre­sión inne­ce­sa­ria. Los padres tie­nen per­mi­so para no estar bien todo el tiem­po, para come­ter erro­res, para tener días difí­ci­les. Lo impor­tan­te es reco­no­cer estos esta­dos, ges­tio­nar­los ade­cua­da­men­te y man­te­ner la pre­sen­cia y el com­pro­mi­so con el bien­es­tar pro­pio y el de los hijos.