Escuela para padres

Acompañamiento familiar en casos de duelo infantil — Mtra. Claudia Elizabeth Roldán Castro

Clau­dia pre­sen­tó sobre el acom­pa­ña­mien­to fami­liar en casos de due­lo infan­til, expli­can­do las mani­fes­ta­cio­nes y eta­pas del pro­ce­so de due­lo, así como la impor­tan­cia de reco­no­cer y abor­dar las pér­di­das en la infan­cia. Enfa­ti­zó la nece­si­dad de pro­por­cio­nar herra­mien­tas ade­cua­das a los niños para enfren­tar la adver­si­dad, adap­tan­do el acom­pa­ña­mien­to según su edad y desa­rro­llo, y des­ta­có la impor­tan­cia de la auto­rre­gu­la­ción emo­cio­nal de los adul­tos en este pro­ce­so. Final­men­te, com­par­tió recur­sos y reco­men­da­cio­nes para ayu­dar a niños y ado­les­cen­tes a pro­ce­sar el due­lo y las pér­di­das, inclu­yen­do con­se­jos sobre cómo mane­jar situa­cio­nes espe­cí­fi­cas como el diag­nós­ti­co de enfer­me­da­des cró­ni­cas en niños.

  • Pro­ce­sar su pro­pio dolor y emo­cio­nes antes de acom­pa­ñar a los niños en el due­lo.
  • Expli­car la pér­di­da o muer­te a los niños de mane­ra cla­ra y sin­ce­ra, de acuer­do a su nivel de desa­rro­llo.
  • Per­mi­tir que los niños par­ti­ci­pen en los ritua­les fune­ra­rios, expli­cán­do­les pre­via­men­te lo que suce­de­rá.
  • Com­par­tir sus emo­cio­nes con los niños de mane­ra apro­pia­da, mos­tran­do que está bien sen­tir­se tris­te.
  • Man­te­ner las ruti­nas de los niños lo más pron­to posi­ble des­pués de una pér­di­da.
  • Bus­car ayu­da pro­fe­sio­nal si el due­lo per­sis­te o se com­pli­ca.
  • Uti­li­zar recur­sos como libros y pelí­cu­las para ayu­dar a los niños a enten­der y pro­ce­sar el due­lo.
  • Escu­char acti­va­men­te a los niños y per­mi­tir­les expre­sar sus emo­cio­nes y pre­gun­tas sobre la pér­di­da.
  • Refor­zar la segu­ri­dad y el amor hacia los niños duran­te el pro­ce­so de due­lo.
  • Cui­dar su pro­pia salud emo­cio­nal para poder acom­pa­ñar ade­cua­da­men­te a los niños.

Acompañamiento familiar en casos de duelo infantil

Clau­dia pre­sen­ta sobre el acom­pa­ña­mien­to fami­liar en casos de due­lo infan­til. Ella enfa­ti­za la impor­tan­cia de recor­dar nues­tras pro­pias expe­rien­cias de pér­di­da en la infan­cia para enten­der mejor las nece­si­da­des de los niños. Clau­dia expli­ca que la fami­lia es el lugar don­de los niños desa­rro­llan segu­ri­dad y recur­sos para enfren­tar cri­sis, y que cual­quier pér­di­da, inclu­so para bebés muy peque­ños, pue­de tener un impac­to sig­ni­fi­ca­ti­vo. Ella des­ta­ca que lo más impor­tan­te no es solo el even­to de pér­di­da, sino cómo la fami­lia acom­pa­ña y con­sue­la al niño duran­te el pro­ce­so.

Pérdidas en la infancia

Clau­dia expli­ca que las pér­di­das en la infan­cia pue­den incluir cam­bios en la ruti­na, estruc­tu­ra fami­liar y rela­cio­nes, como la pér­di­da de una mas­co­ta o el cam­bio de resi­den­cia. Enfa­ti­za la impor­tan­cia de reco­no­cer estas pér­di­das apa­ren­te­men­te peque­ñas, que los adul­tos a menu­do pasan por alto, pero que son sig­ni­fi­ca­ti­vas para los niños. Clau­dia defi­ne el due­lo como una res­pues­ta emo­cio­nal total a la pér­di­da, que impli­ca una gama de pen­sa­mien­tos, sen­ti­mien­tos y con­duc­tas, y des­ta­ca la impor­tan­cia de abor­dar la incer­ti­dum­bre y el mie­do que los niños pue­den expe­ri­men­tar duran­te el pro­ce­so de due­lo.

Duelo en niños

Clau­dia expli­ca cómo el due­lo se mani­fies­ta de mane­ra inte­gral en los niños, afec­tan­do su com­por­ta­mien­to, pro­ce­sos men­ta­les y ape­go. Des­ta­ca la impor­tan­cia de dar herra­mien­tas a los peque­ños para enfren­tar la adver­si­dad en lugar de sobre­pro­te­ger­los, con el obje­ti­vo de que logren la inde­pen­den­cia. Ade­más, des­cri­be las diver­sas mani­fes­ta­cio­nes del due­lo, inclu­yen­do sín­to­mas físi­cos, cam­bios con­duc­tua­les, pro­ble­mas cog­ni­ti­vos y alte­ra­cio­nes emo­cio­na­les, enfa­ti­zan­do que los adul­tos deben mane­jar sus pro­pias emo­cio­nes para poder ense­ñar a los niños.

Proceso de duelo y recursos personales

Clau­dia expli­ca las dife­ren­tes mani­fes­ta­cio­nes y eta­pas del pro­ce­so de due­lo, tan­to a nivel indi­vi­dual como fami­liar. Des­ta­ca que el due­lo no es sim­ple­men­te acep­tar la pér­di­da, sino pro­ce­sar­la a tra­vés de diver­sas fases que pue­den durar años, depen­dien­do de los recur­sos per­so­na­les y las cir­cuns­tan­cias. Enfa­ti­za la impor­tan­cia de abor­dar el due­lo de mane­ra inte­gral, aten­dien­do a las mani­fes­ta­cio­nes físi­cas, con­duc­tua­les, cog­ni­ti­vas, psi­co­ló­gi­cas y espi­ri­tua­les. Ade­más, men­cio­na que en el con­tex­to fami­liar, el due­lo afec­ta la diná­mi­ca del sis­te­ma y requie­re un enfo­que espe­cí­fi­co para su mane­jo.

Acompañamiento de duelo familiar

Clau­dia expli­ca las eta­pas y tareas del pro­ce­so de due­lo fami­liar, enfo­cán­do­se en cómo acom­pa­ñar a los niños según su edad. Des­ta­ca la impor­tan­cia de reco­no­cer la reali­dad de la pér­di­da, com­par­tir la expe­rien­cia, reor­ga­ni­zar el sis­te­ma fami­liar y crear nue­vos víncu­los. Enfa­ti­za la nece­si­dad de pro­por­cio­nar infor­ma­ción cla­ra y sin­ce­ra, incluir a los niños en el pro­ce­so, y adap­tar el acom­pa­ña­mien­to según la eta­pa de desa­rro­llo del niño. Clau­dia sub­ra­ya la impor­tan­cia de la auto­rre­gu­la­ción emo­cio­nal de los adul­tos para mode­lar un afron­ta­mien­to segu­ro y ayu­dar a los niños a expre­sar sus emo­cio­nes y sen­sa­cio­nes.

Procesando el dolor propio

En la reu­nión, clau­dia habló sobre la impor­tan­cia de com­pren­der y pro­ce­sar el dolor pro­pio al tra­tar con situa­cio­nes difí­ci­les. Ella enfa­ti­zó la nece­si­dad de cues­tio­nar las pro­pias creen­cias y pro­por­cio­nar expli­ca­cio­nes cla­ras a los niños, adap­ta­das a su nivel de desa­rro­llo. Clau­dia tam­bién des­ta­có el valor de par­ti­ci­par en ritua­les como una opor­tu­ni­dad para des­pe­dir­se de la per­so­na que murió. Sugi­rió que los padres deben estar pre­pa­ra­dos para res­pon­der pre­gun­tas de los niños y expre­sar sus pro­pias emo­cio­nes duran­te estos momen­tos difí­ci­les. Final­men­te, enfa­ti­zó la impor­tan­cia de pro­por­cio­nar con­sue­lo y tran­qui­li­dad a los niños y ani­mar­los a expre­sar sus pro­pios sen­ti­mien­tos.

Acompañamiento en el proceso de duelo

Clau­dia expli­ca la impor­tan­cia de escu­char y acom­pa­ñar ade­cua­da­men­te en el pro­ce­so de due­lo, espe­cial­men­te en niños. Enfa­ti­za la nece­si­dad de vol­ver a la ruti­na lo antes posi­ble, pero crean­do espa­cios para ritua­les y bus­can­do apo­yo en la escue­la. Clau­dia des­ta­ca situa­cio­nes en las que se debe bus­car ayu­da pro­fe­sio­nal, como even­tos trau­má­ti­cos, due­los acu­mu­la­dos o cuan­do los cui­da­do­res pri­ma­rios tam­bién están afec­ta­dos. Final­men­te, pre­sen­ta dife­ren­tes enfo­ques tera­péu­ti­cos y meto­do­lo­gías como el coaching tana­to­ló­gi­co, la psi­co­te­ra­pia y la tana­to­lo­gía, sub­ra­yan­do la impor­tan­cia de ele­gir la herra­mien­ta ade­cua­da según las nece­si­da­des espe­cí­fi­cas de cada caso.

Recursos para el duelo infantil

Clau­dia com­par­te recur­sos y reco­men­da­cio­nes para ayu­dar a niños y ado­les­cen­tes a pro­ce­sar el due­lo y las pér­di­das. Sugie­re uti­li­zar libros, pelí­cu­las y mate­rial audio­vi­sual adap­ta­do a dife­ren­tes eda­des para abor­dar temas como la enfer­me­dad, la muer­te y el cán­cer. Enfa­ti­za la impor­tan­cia de que los adul­tos sean cons­cien­tes de cómo mode­lan el mane­jo de las emo­cio­nes y el mie­do a los niños. Clau­dia tam­bién reco­mien­da sitios web como uni­cef y el luna para obte­ner infor­ma­ción adi­cio­nal sobre cómo acom­pa­ñar el pro­ce­so de due­lo en los jóve­nes.

Diagnóstico de diabetes infantil

Clau­dia ofre­ce con­se­jos sobre cómo mane­jar el diag­nós­ti­co de dia­be­tes infan­til en una niña de 9 años. Ella enfa­ti­za la impor­tan­cia de que los cui­da­do­res pri­ma­rios reci­ban apo­yo y ase­so­ra­mien­to antes de abor­dar el tema con la niña. Clau­dia sugie­re for­ta­le­cer el áni­mo de la niña, pro­por­cio­nar­le herra­mien­tas y segu­ri­dad, y evi­tar la lás­ti­ma. Tam­bién reco­mien­da que la fami­lia cues­tio­ne sus pro­pias creen­cias y mie­dos para no trans­mi­tir­los a la niña, y que se enfo­quen en desa­rro­llar su valen­tía y cora­je fren­te a la enfer­me­dad.

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