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Esta conferencia abordó el tema “Violencia e infancias: reconocerla y transformarla”, presentada por el psicólogo Erick Jahyr Cardona Astudillo en el marco de la Escuela para Padres de AMAPSI. La sesión se centró en reflexionar sobre las formas invisibles de violencia que afectan a los niños en el contexto mexicano actual, caracterizado por altos niveles de conflicto y violencia social. Se exploró cómo los niños están inmersos en este contexto, interpretando, viviendo y muchas veces reproduciendo la violencia que observan en la familia, la escuela, los medios de comunicación y las redes sociales. La presentación enfatizó la importancia de reconocer que la violencia no es solo agresión física, sino un fenómeno complejo que afecta la integridad psicológica, sexual y moral de las personas.
Conceptos clave o teorías:
Violencia simbólica: Mensajes y discursos que imponen roles mediante estereotipos y mantienen relaciones de poder sin usar la fuerza física
Violencia cultural: Aspectos de la cultura que justifican o legitiman la violencia directa o estructural
Violencia institucional: Cuando las instituciones ven al niño como un “objeto de control” y no como un sujeto de derechos
Violencia estructural: Desigualdad, pobreza y falta de oportunidades que violentan el desarrollo del niño
Violencia invisible: Actos u omisiones que no dejan huella física pero lesionan la integridad psicoemocional
Transmisión de la violencia: Vertical (de padres a hijos), horizontal (entre pares) y oblicua (de la sociedad y medios al niño)
Preguntas importantes planteadas:
¿Por qué hablar de violencia en el contexto de la infancia?
¿Qué es realmente la violencia y cómo se manifiesta en diferentes niveles?
¿Cómo se naturaliza la violencia en la vida diaria?
¿Cómo dejar de naturalizar la violencia siendo que desde la infancia se hace presente?
¿Cómo hacer para que los niños no jueguen con armas o videojuegos violentos?
¿Cuál es la diferencia entre ver a los niños como objetos versus como sujetos de derechos?
Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje
La violencia en México es un fenómeno altamente prevalente que afecta a los niños, quienes la viven, interpretan y pueden reproducir
La violencia no es solo agresión física; incluye formas invisibles como la violencia simbólica, cultural, institucional y estructural
Los niños están expuestos a la violencia en tres espacios principales: la familia, la escuela y el entorno digital
La violencia se aprende a través de tres mecanismos: transmisión vertical (padres a hijos), horizontal (entre pares) y oblicua (sociedad y medios)
Los niños son sujetos de derechos capaces de sentir, pensar y transformar su entorno, no objetos que deben ser controlados
La principal demanda de los niños es ser escuchados y validados en sus vivencias cotidianas
La violencia puede transformarse mediante estrategias como establecer límites con respeto, escucha activa, validación emocional y expresión creativa
Según el Informe SIPINNA 2025, el 62% de los niños mexicanos ha experimentado alguna forma de violencia psicológica o simbólica
Tema 1: Contexto y tipos de violencia
El contexto social en México es altamente conflictivo y violento, con violencia visible en las calles, familias, escuelas y medios de comunicación que transmiten esta realidad en tiempo real. Los niños están inmersos en este contexto al igual que los adultos, interpretando, escuchando y viendo la violencia constantemente. Una de las principales consecuencias de tanta exposición es la naturalización de la violencia, pensándola como algo normal mientras no afecte a alguien cercano.
La violencia es un fenómeno complejo con múltiples causas y formas de expresión, con varios niveles de riesgo y severidad. El violentómetro escolar representa visualmente este espectro, desde bromas y engaños hasta violencias que constituyen delitos graves. La violencia simbólica se manifiesta en el lenguaje y estereotipos, como afirmar que “los niños no deben llorar” o que “las niñas no pueden practicar box”, limitando las posibilidades de desarrollo. La violencia cultural legitima que unos tengan más derechos que otros a través de religiones, ideologías, arte y ciencia, como la segregación de género en carreras profesionales.
La violencia estructural permite la desigualdad y que algunas personas dominen sobre otras, manifestándose en la pobreza y el acceso diferenciado a educación, ingresos y justicia. La violencia institucional viene desde las instituciones y sus formas de hacer las cosas, viendo al niño como un objeto a controlar en lugar de una persona con necesidades de juego, aprendizaje y expresión. Todos estos tipos de violencia interactúan entre sí formando un sistema que sostiene el poder y el status quo de la sociedad.
Preguntas y respuestas relevantes:
Pregunta: ¿Cómo dejar de naturalizar la violencia, siendo que desde la infancia se hace presente?
Respuesta: Lo primero es reconocerla mediante psicoeducación, identificando qué es la violencia y dónde surge. Después hacer un ejercicio de autorreflexión para reconocer si uno está reproduciendo o siendo víctima de violencia. Una vez reconocida, enseñarlo a los hijos para que identifiquen cuando algo los está lastimando y buscar soluciones, incluyendo hablar con maestros o directores cuando sea necesario.
Tema 2: Espacios donde se presenta la violencia en la infancia
La violencia en la infancia se presenta principalmente en tres espacios interconectados. En el hogar, la violencia familiar puede ser física, emocional, verbal o por negligencia, ejercida por padres o familiares, manifestándose en gritos, castigos físicos, indiferencia emocional o abandono. Esto genera en los niños baja autoestima, ansiedad y dificultad para confiar en adultos.
En la escuela, la violencia se da entre pares y por figuras de autoridad, incluyendo acoso escolar físico, verbal o emocional, con manifestaciones como burlas, aislamiento y abuso de poder docente. Esto resulta en miedo, retraimiento, bajo rendimiento escolar y depresión. La escuela suele ser el primer espacio donde se busca poner límites a los niños, y cuando estos límites no se han establecido en casa, puede ser una experiencia de shock para el niño que no ha aprendido a tolerar la frustración.
En el espacio digital, la violencia surge en redes sociales, videojuegos y plataformas virtuales, manifestándose como cyberbullying, insultos en línea, acoso, exposición y manipulación. Esto genera pérdida de identidad, aislamiento, estrés y vulnerabilidad emocional. Este espacio es particularmente problemático porque hay mucho anonimato, un gran flujo de personas con las que interactuar y está poco regulado. Estas tres formas de violencia circulan e interactúan entre sí, con los niños expuestos tanto a sufrirla como a reproducirla.
Preguntas y respuestas relevantes:
Pregunta: ¿Cómo hacer para que no jueguen con armas cuando los juegos los promueven?
Respuesta: Más que prohibir el juego, hay que pensar qué está diciéndonos el niño con ese juego. En videojuegos violentos, el niño puede estar desahogando agresividad sin necesariamente querer cometer esa violencia en la realidad. La diferencia está en cómo juega: si interactúa con otros niños estableciendo reglas consensuadas, o si simplemente dispara a otros sin su consentimiento. No se trata tanto del juego sino de lo que el niño está representando a través de ese juego, lo cual requiere acercarse, comprender y dialogar con el niño.
Tema 3: Transmisión cultural de la violencia
La violencia se aprende y transmite culturalmente a través de tres mecanismos principales. La transmisión vertical ocurre de padres a hijos mediante identificación y crianza, no porque los padres enseñen explícitamente a ser violentos, sino a través de actitudes, formas de ser y creencias arraigadas sobre cómo deben comportarse hombres y mujeres. La familia funciona como un microcosmos donde la violencia se reproduce como mecanismo de adaptación para sobrevivir en entornos hostiles.
La transmisión horizontal se da entre pares mediante códigos de pertenencia en el juego y la escuela. Los niños aprenden de sus compañeros sobre modelos de comportamiento, compartiendo experiencias que pueden incluir violencia normalizada. La transmisión oblicua proviene de la sociedad y medios hacia el niño, a través de discursos de éxito, consumo y fuerza. Las narco series, por ejemplo, muestran modelos de personas dedicadas al narcotráfico casi como héroes, con poder, dinero y posibilidades, llevando a los niños a identificarse con estos modelos violentos.
Existe una crisis de identificación actual donde la familia, la escuela y las figuras de autoridad ya no son deseables para los niños. Ya no quieren ser como sus papás, policías, bomberos o maestros, sino como personajes violentos de series o protagonistas que resuelven problemas con fuerza. Esta crisis refleja cómo los modelos tradicionales han perdido relevancia frente a representaciones mediáticas de poder basado en la violencia.
Tema 4: La mirada sobre los niños y estrategias de transformación
Cada cultura define su infancia, pero en la cultura occidental actual se ve al niño como un proyecto a futuro, un adulto en formación, un pequeño adulto que todavía no es totalmente adulto. Esta visión tutelar considera al niño como inocente, ingenuo o una página en blanco que debe ser normada para ser adulto. Verlos así impide verlos como niños en su momento presente, en el aquí y el ahora, centrándose excesivamente en el mañana y descuidando lo que necesitan vivir como niños en la actualidad.
La visión de autonomía, en contraste, reconoce al niño como sujeto capaz de sentir, pensar, decidir y transformar su entorno, siempre considerando que los adultos son responsables de su bienestar. Según el Consejo Nacional de 2022, solo el 25% de los niños mexicanos siente que los adultos los escuchan realmente. La principal demanda de los niños es ser escuchados y validados en sus vivencias cotidianas, pero muchas veces los adultos no escuchan lo que dice el niño sino lo que ellos como adultos pueden entender o quieren escuchar.
Para transformar la violencia, se proponen varias estrategias. Establecer límites que no sean muros que separan sino vallas de seguridad que protegen, diferenciando entre autoritarismo basado en miedo y autoridad basada en respeto. Los límites son el andamiaje para vivir en sociedad, explicando al niño por qué hay momentos para jugar y otros para aprender. La escucha activa implica comprender desde la perspectiva del niño, validar sus emociones sin minimizar sus experiencias. Nombrar la violencia ayuda a identificar lo que duele, poner en palabras y cuestionar marcos que reproducen la violencia. La expresión a través de la creatividad mediante dibujo, juego y cuento permite a los niños expresar y transformar la violencia. Finalmente, la construcción colectiva en grupos y espacios de diálogo permite que los niños desarrollen nuevos significados y formas de convivencia.
Preguntas y respuestas relevantes:
Comentario de participante: Muchas gracias por esta información que nos hace recordar lo importante que es escuchar a nuestros niños y guiarlos acerca de la violencia.
Comentario de participante: Primeramente felicitar por tan interesante plática, me quedo reflexionando y poniendo en práctica la observación, la escucha y el diálogo para conocer cómo piensan y sienten los niños. Esta plática es una magnífica oportunidad para guiarlos en esta modernidad para que los niños vivan lo más alejados de la violencia y no ser víctimas y mucho menos victimarios.
Próximos pasos accionables / tareas
Dialogar constantemente con los niños, no solo con palabras sino participando en sus juegos y dibujos
Practicar la observación, escucha activa y diálogo para conocer cómo piensan y sienten los niños
Hacer un ejercicio de autorreflexión para reconocer si se está reproduciendo o siendo víctima de violencia
Establecer límites con explicaciones claras, diferenciando entre autoritarismo y autoridad basada en respeto
Validar las emociones de los niños sin minimizar sus experiencias
Ayudar a los niños a identificar y nombrar la violencia que experimentan o reproducen
Asistir a la próxima sesión de Escuela para Padres el viernes 22 de mayo a las 7:00 PM con la psicóloga Mireya Roxana Tiburcio de la Cruz sobre el tema “Fomento de la creatividad en la crianza”
Recursos suplementarios
La grabación de esta conferencia estará disponible en YouTube, Facebook y la página de AMAPSI para volver a escuchar o compartir
Se utilizó un violentómetro escolar como herramienta visual para representar los diferentes niveles de violencia
Presentación con diapositivas que incluyen conceptos clave, estadísticas del Informe SIPINNA 2025 y del Consejo Nacional de 2022
Esta conferencia de la Escuela para Padres de Amapsi abordó el tema del respeto y la empatía entre padres e hijos, presentado por la psicóloga y maestra Rita Nayud Machuca Cabrera. La sesión se centró en proporcionar herramientas, reflexiones y estrategias para lograr una crianza consciente basada en estos dos valores fundamentales. Se enfatizó la importancia de la madurez emocional de los padres, la comunicación efectiva, y el establecimiento de límites claros sin recurrir al maltrato. La presentación incluyó técnicas prácticas como el mindfulness, el diario emocional y el rincón de la calma para ayudar a los niños a regular sus emociones.
Conceptos o teorías clave
Respeto mutuo: Aceptar las diferencias, valorar cualidades y reconocer derechos
Empatía: Ponerse en los zapatos del niño según su edad y desarrollo
Madurez de los padres: Autoestima, tiempo de calidad, comunicación y responsabilidad
Técnica de la mayéutica: Uso de preguntas reflexivas para llegar al análisis
Disciplina positiva: Enseñar a través del ejemplo evitando castigos tradicionales
Mindfulness infantil: Respiración, aceptación emocional y espacios de calma
Preguntas importantes planteadas
¿Cómo pueden los padres ejercer verdadero respeto y empatía hacia sus hijos?
¿Hasta dónde llega la madurez emocional de los padres para educar adecuadamente?
¿Cómo manejar los berrinches como oportunidades de aprendizaje emocional?
¿Qué consecuencias tiene el maltrato físico y emocional en el desarrollo infantil?
¿Cómo evitar repetir patrones de crianza negativos?
¿Cuál es el equilibrio entre flexibilidad y límites claros?
Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje
El respeto implica aceptar las diferencias de los hijos, valorar sus cualidades y reconocer sus derechos
La madurez de los padres se refleja en autoestima, tiempo de calidad, comunicación efectiva y responsabilidad
La empatía requiere paciencia, validación emocional, comunicación con amor y uso de preguntas reflexivas
Los berrinches son parte del desarrollo y oportunidades para enseñar habilidades emocionales
El maltrato (activo o pasivo) genera trastornos como ansiedad, depresión, fobias y conductas antisociales
La disciplina efectiva se basa en enseñar mediante ejemplos, no en castigos que generan miedo
Herramientas prácticas incluyen respiración profunda, diario emocional y rincón de la calma
Los límites claros combinados con amor generan seguridad en el desarrollo del niño
Es fundamental que los adultos reconozcan y regulen sus propias emociones antes de educar
Tema 1: Madurez de los padres y valores fundamentales
Rita Nayud inició la presentación enfatizando que los padres, como adultos, tienen la responsabilidad principal en la crianza y deben ejercer madurez emocional. Esta madurez se manifiesta en cuatro aspectos fundamentales: autoestima y amor propio, tiempo de calidad con los hijos, comunicación bidireccional (escuchar y hablar), y responsabilidad consciente ante el rol de crianza. El respeto mutuo se construye a través de la amabilidad, la comunicación con amor y el reconocimiento de los logros de los niños. La ponente subrayó que si los padres quieren enseñar a los niños a quererse, primero deben empezar por amarse a sí mismos, ya que los niños aprenden principalmente del ejemplo que observan en los adultos.
Tema 2: Los cuatro pasos para desarrollar la empatía
La maestra Rita presentó cuatro pasos fundamentales para desarrollar empatía con los hijos. Primero, el amor como base de la educación, que incluye hablar con cariño y afecto, proporcionar seguridad emocional y reconocer que todo ser humano necesita ese respaldo emocional. Segundo, la paciencia y vida emocional, que implica tener tolerancia, ponerse en los zapatos del niño según su edad (3, 4, 12 o 15 años), y validar sus emociones para que se sienta en confianza de expresarlas. Tercero, la comunicación y el diálogo con palabras positivas, hablando con cariño incluso cuando se está irritado o enojado, para que el niño se sienta querido, amado y respetado. Cuarto, la técnica de la mayéutica, que consiste en hacer preguntas reflexivas como “¿por qué te sientes así?”, “¿para qué te hace sentir bien este sentimiento?” para llevar al niño al análisis y la reflexión sobre sus actos y consecuencias.
Tema 3: Manejo del berrinche y prevención del maltrato
El berrinche fue presentado como parte natural del desarrollo infantil y una oportunidad para enseñar habilidades emocionales. Aparece cuando el niño no sabe expresar sus emociones, lo que le irrita o le da coraje. El adulto debe respirar, tener paciencia, escuchar y bajar la voz para que el niño también se calme, evitando que ambos entren en crisis. Es fundamental hablar y comunicar para que el niño entienda por qué está pasando, para qué, cómo y qué se puede solucionar. La ponente advirtió sobre el maltrato, definido como conducta amenazante y destructiva que perjudica el bienestar físico, mental y emocional del menor. Distinguió entre maltrato activo (golpes, violencia física, emocional o psicológica con frases como “eres bien tonto”) y maltrato pasivo (ignorar al niño). Estas formas de maltrato pueden desarrollar enfermedades como trastorno obsesivo compulsivo, fobias, angustia, depresión, ansiedad y pseudo mentiras, afectando el desarrollo hasta la edad adulta.
Tema 4: Herramientas prácticas de mindfulness y regulación emocional
Rita Nayud presentó varias herramientas prácticas basadas en mindfulness. La respiración profunda es fundamental, enseñando al niño a inhalar y exhalar cuando entra en caos porque las cosas no se cumplen como quiere, para que el enojo se vaya calmando. La aceptación de la emoción es crucial: no tiene nada de malo enojarse, estar triste, tener miedo, irritarse o sentir asco; los adultos deben reconocer y aceptar primero sus propias emociones para después enseñárselo al niño. El rincón de la calma es un espacio donde el niño se siente seguro; cuando está enojado, va a su espacio, respira, se controla y luego regresa con los padres para tomar decisiones o reconocer qué pasó. El diario emocional permite escribir síntomas y características de las emociones; para niños pequeños puede usar colores e imágenes (amarillo para alegría, rojo para enojo), mientras que adolescentes escriben para identificar patrones y entender que las emociones son pasajeras.
Tema 5: Límites, flexibilidad y reconocimientos
La ponente abordó la diferencia entre premios y reconocimientos, enfatizando que no siempre deben ser objetos materiales. El juego es fundamental: cuando el adulto juega con el niño, puede entablar conversación y enseñar mediante el ejemplo cómo ganar y perder. El reconocimiento implica escuchar al niño y valorar sus logros o fracasos, darle la palabra delante de los demás como forma de empatizar. Los límites claros no deben confundirse con castigos; se trata de acuerdos: “te doy esto porque hiciste tal situación” o “llegamos a este acuerdo”. La flexibilidad es importante cuando se observan avances: “en ese momento estaba exaltada y te impedí esta situación, pero veo que hay un avance, ¿te parece si llegamos a un acuerdo?” Sin embargo, también es crucial cumplir lo que se dice: “con el dolor de mi corazón, pero dije que esta semana no saldrías, entonces no lo vas a hacer.” La frase clave presentada fue: “Mucho amor + límites claros = seguridad en el adulto”, enfatizando que esta combinación ayuda a que el niño crezca con seguridad en sí mismo.
Tema 6: Consecuencias del maltrato y responsabilidad social
Rita Nayud presentó las graves consecuencias del maltrato en el desarrollo infantil, advirtiendo que puede generar trastornos del comportamiento social, conducta negativa desafiante, delincuencia y otros trastornos de conducta. Mencionó el caso reciente de un joven de 15 años en Michoacán que asesinó a sus maestras, señalando que ya se veían ciertos rasgos de enojo y desafío a la autoridad. Enfatizó que actualmente hay muchas personas que han crecido con resentimiento, coraje, maltrato, humillaciones y palabras hirientes, lo que ha generado que no tengan límites y sientan coraje contra los demás y contra la vida. La ponente subrayó la importancia de enseñar respeto y empatía empezando por los adultos mismos, para después transmitirlo a los hijos y crear una cadena social positiva. Concluyó con un llamado a la responsabilidad: “Antes que nada, ser padre no es una tarea sencilla, implica tiempo y paciencia. Estás creando nuevas personas que van a socializar y combatir lo que está pasando hoy en día. Tenemos la responsabilidad de crear personas de bien, empáticas, seguras y respetuosas. Estos niños son la nueva generación. Ya no queremos más maldad hacia el mundo. Esto depende de nosotros.”
Pasos de acción y tareas
Practicar técnicas de respiración profunda con los hijos cuando se presenten situaciones de enojo o frustración
Implementar un rincón de la calma en casa, diseñado en conjunto con el niño según sus preferencias
Iniciar un diario emocional adaptado a la edad del niño (con colores e imágenes para pequeños, escritura para adolescentes)
Observar y reconocer las propias emociones como adultos antes de corregir a los hijos
Establecer límites claros y cumplir con lo que se dice, siendo flexible cuando se observen cambios positivos
Dedicar tiempo de calidad con los hijos a través del juego y actividades compartidas
Practicar la técnica de la mayéutica haciendo preguntas reflexivas en lugar de imponer soluciones
Considerar terapia psicológica personal para evitar repetir patrones de crianza negativos
Validar las emociones de los hijos sin juzgarlas, enseñándoles que todas las emociones son válidas
Conectar primero con el niño antes de corregir comportamientos
Esta conferencia abordó la importancia de la salud mental de los padres y madres en el proceso de crianza, enfatizando cómo el bienestar emocional de los cuidadores impacta directamente en el desarrollo saludable de niños, niñas y adolescentes. Brenda presentó un recorrido por las diferentes etapas del desarrollo infantil, desde la primera infancia hasta la adolescencia, identificando las necesidades específicas de cada periodo y el rol fundamental que juegan los adultos como figuras de seguridad y acompañamiento. La ponencia destacó que la crianza es un proceso estresante que requiere autocuidado constante, y que no se busca la perfección sino la presencia consciente y el compromiso con el propio bienestar para poder ofrecer una crianza más saludable.
Conceptos clave o teorías
Etapas del desarrollo: Primera infancia (0–5 años), infancia (6–11 años) y adolescencia, cada una con necesidades específicas
Autocuidado como prioridad: Cuidarse a uno mismo para poder cuidar mejor a los hijos
Presencia vs. perfección: Los niños no necesitan padres perfectos, sino padres presentes
Salud mental parental: El estado emocional de los padres afecta directamente la crianza y el desarrollo infantil
Monitoreo emocional: Sistema de semáforo (verde, amarillo, rojo) para identificar el estado de bienestar
Resignificación del trabajo: Cambiar la percepción del trabajo como algo que separa, a algo que aporta valor
Preguntas importantes planteadas
¿Cuál es mi historia de crianza y cómo me sentía en casa cuando era niño/a?
¿Hay cosas que mejoraría, cambiaría o evitaría de mi propia infancia?
¿Cómo eran mis cuidadores y qué tipo de cuidado me ofrecían?
¿Cómo me estoy sintiendo la mayoría de mis días?
¿Cuáles son mis redes de apoyo y a quién puedo acudir cuando necesito ayuda?
¿Qué compromiso me llevo hoy para mejorar la crianza en casa?
Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje
La salud mental de los padres es fundamental para ofrecer una crianza saludable y presente
Cada etapa del desarrollo infantil tiene necesidades específicas que los cuidadores deben conocer y atender
El autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad para poder acompañar adecuadamente a los hijos
No podemos cambiar la infancia que tuvimos, pero sí podemos cambiar la infancia que ofrecemos
Los niños necesitan adultos presentes, no perfectos, que les brinden seguridad y validación
El monitoreo emocional constante permite identificar cuándo necesitamos hacer cambios en nuestro bienestar
Pequeños cambios cotidianos pueden generar grandes mejoras en la salud mental y la crianza
El trabajo debe resignificarse como algo positivo que aporta, no como algo que separa de los hijos
Tema 1: Etapas del desarrollo infantil y sus necesidades
Brenda presentó un recorrido detallado por las principales etapas del desarrollo, comenzando con la primera infancia (0–5 años), periodo caracterizado por el descubrimiento del mundo a través de los sentidos y el movimiento. En esta etapa, los niños requieren fundamentalmente seguridad, que se construye a través de la presencia constante de los cuidadores, rutinas predecibles y límites claros que funcionan como formas de cuidado. Las rutinas son especialmente importantes porque ayudan a los niños a predecir lo que viene, facilitando su comprensión del mundo y reduciendo la ansiedad.
La infancia (6–11/12 años) se caracteriza por una mayor independencia y autonomía motriz. Los niños comienzan a tomar decisiones simples, desarrollan el sentido de pertenencia a través de grupos de amigos, y van construyendo su autoconcepto basándose en lo que son capaces de lograr. Durante esta etapa, la demanda académica aumenta y los niños enfrentan retos más complejos en sus relaciones sociales. El papel del adulto es crucial para ofrecer reconocimiento de sus capacidades y ayudarles a desarrollar estrategias de regulación emocional ante el fracaso, el rechazo o las dificultades. La validación se convierte en una necesidad fundamental que los padres deben satisfacer.
La adolescencia representa un periodo crítico marcado por cambios físicos, hormonales y de crecimiento que colocan al joven en una posición intermedia entre la niñez y la adultez. Durante esta etapa se construye la identidad, se busca la separación emocional de los padres, y el sentido de pertenencia a grupos fuera de la familia se vuelve primordial. Los adolescentes buscan independencia y pueden mostrar resistencia a la autoridad parental. Lo que necesitan en esta etapa es escucha activa, respeto, acompañamiento y límites firmes pero flexibles. Es importante que los padres estén preparados para ser cuestionados y mantengan canales de diálogo abiertos, escuchando genuinamente las dudas, miedos y angustias del adolescente en lugar de simplemente dar instrucciones.
Tema 2: Autocuidado y salud mental parental
Brenda utilizó la analogía de las mascarillas de oxígeno en los aviones para ilustrar la importancia del autocuidado: primero debemos colocarnos nuestra propia mascarilla antes de ayudar a otros. Este principio aplica directamente a la crianza: los padres deben cuidar de sí mismos primero para poder acompañar de manera saludable a sus hijos. La crianza es inherentemente estresante, con demandas que varían según cada etapa del desarrollo, y estas exigencias provienen no solo de las necesidades reales de los niños, sino también de las propias creencias, estilos y formas en que los padres fueron criados.
Se identificaron varios factores que afectan la salud psicológica de los padres: la sobrecarga de responsabilidades en un ritmo de vida acelerado, el estrés laboral, las distancias que se recorren diariamente, las situaciones económicas, y en muchos casos, que una sola persona lleve toda la responsabilidad del cuidado y la provisión. La falta de sueño y el cansancio impactan negativamente porque generan irritabilidad y disminuyen el rendimiento. El aislamiento social es otro factor importante, ya que dificulta compartir cómo nos sentimos y puede llevar a recibir comentarios invalidantes. La dificultad para pedir ayuda, los problemas de pareja o trabajo, y los antecedentes personales de ansiedad o depresión también afectan significativamente el bienestar emocional.
Brenda presentó un sistema de semáforo emocional para facilitar el monitoreo del estado de bienestar. El estado “verde” representa condiciones óptimas: actitud positiva, iniciativa, capacidad de disfrutar, interés por compartir y aprender, y empatía hacia los demás. El estado “amarillo” indica señales de alerta: sentimiento de estar estancado, desinterés, aislamiento, confusión sobre las decisiones, insatisfacción personal y miedo. Cuando alguien se encuentra en amarillo durante las últimas dos semanas o un mes, es momento de empezar a hacer cambios: buscar actividades que generen interés y placer, compartir con personas cercanas que aporten bienestar. El estado “rojo” representa una situación más crítica: irritabilidad constante, incapacidad para disfrutar, preocupación excesiva por cosas que quizás no ocurran, sentimiento de desesperanza y aislamiento. Llegar al rojo no significa que todo esté perdido, pero sí requiere atención inmediata y posiblemente ayuda profesional.
Para mejorar la salud mental, Brenda propuso comenzar con cambios pequeños y accesibles: cuidar la higiene del sueño (evitar pantallas antes de dormir, crear un ambiente cómodo para descansar), mantener una alimentación adecuada (consumir suficiente agua y verduras), dedicar tiempo libre para actividades placenteras (aunque sean solo unos minutos), aprender a delegar responsabilidades y tolerar que las cosas no se hagan exactamente como uno quiere, practicar la autocompasión y la gratitud (reconocer el esfuerzo propio y enfocarse en lo que sí se tiene y se puede hacer), realizar ejercicios de respiración antes de reaccionar ante situaciones estresantes, y llevar un monitoreo emocional constante que puede hacerse mediante un diario o aplicaciones del teléfono.
Tema 3: Impacto del estado emocional parental en la crianza
El estado emocional de los padres no solo afecta su propio bienestar, sino que tiene un impacto directo en todos los aspectos de la crianza y el desarrollo de los hijos. Brenda explicó que las emociones no existen de forma aislada, sino que forman parte de un sistema interconectado que incluye cuatro componentes: la emoción misma, la cognición (pensamientos), la conducta (acciones) y las relaciones con otros. Este sistema funciona como un engranaje donde cada elemento afecta a los demás.
Por ejemplo, en un estado de enojo, la emoción es la ira, la cognición puede ser “todo el mundo me hace enojar, nadie me entiende”, la conducta resultante puede ser gritar, aventar puertas, agredir o aislarse, y esto finalmente afecta las relaciones con las personas del entorno. Como nos pensamos, nos sentimos: si comenzamos a pensar que todo está mal, que nada nos gusta, que nadie nos entiende, que no lo estamos haciendo bien, la emoción generará una respuesta de tristeza, enojo, frustración o impotencia. Por eso es fundamental cuidar la salud psicológica, porque no solo impacta cómo nos sentimos individualmente, sino también cómo actuamos y cómo nos relacionamos con nuestros hijos.
Un mensaje central de la conferencia fue que “un adulto regulado cría con mayor calma, un adulto saturado reacciona”. Los niños, niñas y adolescentes se dan cuenta de lo que ocurre con sus padres, perciben cuando mamá o papá no se encuentran bien, y aunque los padres intenten ocultarlo, la interacción cambia. Es importante poder comunicar las emociones de manera apropiada según la edad de los hijos. Con un niño de 5 o 6 años, por ejemplo, no se trata de que entienda completamente la situación, sino de que aprenda que las emociones se nombran, que existen y que son válidas. Hay problemas de adultos que no son responsabilidad de los niños resolver, pero sí se puede compartir de manera simple: “en este momento me siento triste” o “en este momento me siento enojada”.
Brenda enfatizó que los niños no requieren padres perfectos, sino padres presentes. La presencia implica estar disponible emocionalmente, validar sus experiencias, escuchar activamente y ser un lugar de seguridad. Las expectativas irreales de ser padres perfectos con hijos que se porten bien, vayan bien en la escuela y practiquen deportes, generan presión innecesaria. Los padres tienen permiso para no estar bien todo el tiempo, para cometer errores, para tener días difíciles. Lo importante es reconocer estos estados, gestionarlos adecuadamente y mantener la presencia y el compromiso con el bienestar propio y el de los hijos.