Fomento de la creatividad en la crianza — Psic. Mireya Roxana Tiburcio

Esta sesión for­mó par­te del pro­yec­to “Escue­la para Padres” y estu­vo con­du­ci­da por Rosa­rio Mon­roy, con la par­ti­ci­pa­ción de la Psic. Roxa­na Tibur­cio como ponen­te invi­ta­da. El tema cen­tral giró en torno al fomen­to de la crea­ti­vi­dad y las acti­vi­da­des artís­ti­cas en niños y fami­lias, así como el papel que jue­gan los padres como impul­so­res del talen­to y el bien­es­tar emo­cio­nal de sus hijos. La sesión abor­dó el impac­to de la tec­no­lo­gía en el desa­rro­llo crea­ti­vo infan­til y ofre­ció estra­te­gias prác­ti­cas para esti­mu­lar la ima­gi­na­ción en el entorno fami­liar.

Conceptos clave o teorías

  • Crea­ti­vi­dad como herra­mien­ta de bien­es­tar: La expre­sión artís­ti­ca y crea­ti­va se pre­sen­ta como un recur­so fun­da­men­tal para el equi­li­brio emo­cio­nal y la con­vi­ven­cia fami­liar.
  • Inme­dia­tez tec­no­ló­gi­ca: El uso exce­si­vo de dis­po­si­ti­vos digi­ta­les y pla­ta­for­mas de entre­te­ni­mien­to está modi­fi­can­do la capa­ci­dad de aten­ción y crea­ti­vi­dad de los niños, al prio­ri­zar el con­su­mo pasi­vo sobre la crea­ción acti­va.
  • Padres como caza­do­res de talen­tos: Los padres tie­nen el rol de iden­ti­fi­car y poten­ciar las habi­li­da­des crea­ti­vas de sus hijos, sin pola­ri­zar el arte fren­te a otras dis­ci­pli­nas como las cien­cias o la tec­no­lo­gía.
  • Prin­ci­pio de la pra­xis “haz lo que quie­ras”: Cono­cer­se a uno mis­mo y estar bien inter­na­men­te per­mi­te irra­diar bien­es­tar hacia la fami­lia y la comu­ni­dad.

Preguntas importantes planteadas

  • ¿Por qué los niños de hoy desa­rro­llan menos la capa­ci­dad crea­ti­va en com­pa­ra­ción con gene­ra­cio­nes ante­rio­res?
  • ¿Cómo pue­den los padres equi­li­brar el uso de la tec­no­lo­gía con el fomen­to de la crea­ti­vi­dad?
  • ¿Es posi­ble con­ju­gar el desa­rro­llo artís­ti­co con otras áreas del cono­ci­mien­to como la cien­cia y la tec­no­lo­gía?

Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje

  • La crea­ti­vi­dad es una capa­ci­dad que pue­de desa­rro­llar­se y fomen­tar­se acti­va­men­te en el entorno fami­liar.
  • El jue­go libre, la narra­ción de cuen­tos y el dibu­jo com­par­ti­do son estra­te­gias sen­ci­llas y efec­ti­vas para esti­mu­lar la ima­gi­na­ción en niños.
  • El uso exce­si­vo de tec­no­lo­gía pasi­va (con­su­mo de videos, video­jue­gos des­car­ga­dos) limi­ta el desa­rro­llo crea­ti­vo si no se orien­ta hacia la crea­ción.
  • Los padres deben asu­mir un rol acti­vo como iden­ti­fi­ca­do­res y poten­cia­do­res de los talen­tos de sus hijos.
  • El arte y la crea­ti­vi­dad no son opues­tos a la cien­cia o la tec­no­lo­gía; pue­den y deben desa­rro­llar­se de mane­ra com­ple­men­ta­ria.
  • El bien­es­tar per­so­nal de los padres es la base para el bien­es­tar fami­liar y comu­ni­ta­rio.

Tema 1: Impacto de la tecnología en la creatividad infantil

En la sesión se ana­li­zó cómo los cam­bios en las con­di­cio­nes de vida actua­les han redu­ci­do los espa­cios tra­di­cio­na­les de jue­go libre e inven­ti­va en los niños. Ante­rior­men­te, los niños salían a la calle, impro­vi­sa­ban jue­gos con obje­tos coti­dia­nos y desa­rro­lla­ban su ima­gi­na­ción de for­ma espon­tá­nea. Hoy en día, el acce­so cons­tan­te a dis­po­si­ti­vos digi­ta­les, pla­ta­for­mas de strea­ming y video­jue­gos pre­con­fi­gu­ra­dos ha gene­ra­do una cul­tu­ra de inme­dia­tez en la que los niños con­su­men con­te­ni­do de for­ma pasi­va duran­te horas, sin nece­si­dad de crear ni ima­gi­nar.

Sin embar­go, se des­ta­có que la tec­no­lo­gía no debe ser sata­ni­za­da. Exis­ten apli­ca­cio­nes de dibu­jo y dise­ño de per­so­na­jes que sí fomen­tan la crea­ti­vi­dad. La cla­ve está en orien­tar a los niños hacia un uso acti­vo y crea­ti­vo de las herra­mien­tas digi­ta­les, en lugar de limi­tar­se al con­su­mo. La inte­li­gen­cia arti­fi­cial y otras tec­no­lo­gías pue­den ser recur­sos valio­sos si se uti­li­zan con un enfo­que crea­dor.

Preguntas y respuestas relevantes

Pre­gun­ta: ¿Por qué los niños de hoy desa­rro­llan menos la crea­ti­vi­dad que hace años?

Res­pues­ta (Psic.): Las con­di­cio­nes de vida han cam­bia­do sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te. Antes, los niños juga­ban en la calle e inven­ta­ban jue­gos con lo que tenían a la mano. Hoy, el acce­so ili­mi­ta­do a dis­po­si­ti­vos digi­ta­les y la cul­tu­ra de la inme­dia­tez han redu­ci­do los espa­cios para la ima­gi­na­ción libre. Ade­más, la diná­mi­ca fami­liar ha cam­bia­do, con menos tiem­po de jue­go com­par­ti­do entre padres e hijos.

Tema 2: Estrategias prácticas para fomentar la creatividad en familia

La ponen­te com­par­tió diver­sas téc­ni­cas sen­ci­llas y acce­si­bles para esti­mu­lar la crea­ti­vi­dad en el entorno fami­liar, apli­ca­bles tan­to con niños peque­ños como con ado­les­cen­tes e inclu­so en pare­ja:

  • Dibu­jo cola­bo­ra­ti­vo: Cada par­ti­ci­pan­te comien­za un dibu­jo en una hoja y, tras un tiem­po, inter­cam­bian las hojas para que el otro con­ti­núe. Al final, se obser­va el resul­ta­do con­jun­to y se comen­ta lo que cada uno apor­tó. Esta diná­mi­ca fomen­ta la con­vi­ven­cia, la crea­ti­vi­dad y la comu­ni­ca­ción.
  • Cuen­tos inven­ta­dos en cade­na: Un par­ti­ci­pan­te ini­cia una his­to­ria con ele­men­tos alea­to­rios (por ejem­plo, un pato y una piña) y el otro la con­ti­núa, aña­dien­do nue­vos ele­men­tos. Esta téc­ni­ca enri­que­ce la narra­ti­va, la estruc­tu­ra del rela­to y la ima­gi­na­ción.
  • Explo­ra­ción de talen­tos: Se invi­tó a los padres a obser­var las incli­na­cio­nes natu­ra­les de sus hijos (músi­ca, depor­te, artes plás­ti­cas) y a apo­yar su desa­rro­llo, evi­tan­do la ten­den­cia a prio­ri­zar úni­ca­men­te mate­rias aca­dé­mi­cas tra­di­cio­na­les.

Estas acti­vi­da­des, ade­más de esti­mu­lar la crea­ti­vi­dad, fun­cio­nan como herra­mien­tas de rela­ja­ción, cone­xión emo­cio­nal y “reini­cio” men­tal para toda la fami­lia.

Preguntas y respuestas relevantes

Comen­ta­rio del chat: Las nue­vas gene­ra­cio­nes de papás tam­bién fue­ron edu­ca­dos en una diná­mi­ca don­de el tra­ba­jo y los dis­po­si­ti­vos digi­ta­les tenían prio­ri­dad. Sin embar­go, muchos padres actua­les inten­tan com­pen­sar­lo dedi­can­do los fines de sema­na a acti­vi­da­des lúdi­cas con sus hijos, con la espe­ran­za de que esos momen­tos que­den en la memo­ria de ellos para cuan­do for­men sus pro­pias fami­lias.

Res­pues­ta (Psic.): Exac­ta­men­te. Los hijos se que­dan con esos peque­ños momen­tos com­par­ti­dos. A veces los padres se enfo­can tan­to en dar cosas mate­ria­les que olvi­dan que lo que más per­du­ra son las expe­rien­cias y los recuer­dos de con­vi­ven­cia.

Tema 3: El rol de los padres y el bienestar personal como base familiar

La ponen­te cerró la sesión con una refle­xión sobre la impor­tan­cia del auto­co­no­ci­mien­to y el bien­es­tar per­so­nal de los padres como pun­to de par­ti­da para el bien­es­tar fami­liar. Reto­man­do el prin­ci­pio de la pra­xis “haz lo que quie­ras”, seña­ló que cuan­do una per­so­na se cono­ce a sí mis­ma, iden­ti­fi­ca lo que le hace bien y actúa des­de ese esta­do de equi­li­brio, natu­ral­men­te bus­ca que quie­nes la rodean tam­bién estén bien: la pare­ja, los hijos, la comu­ni­dad.

Se enfa­ti­zó que fomen­tar el lado artís­ti­co y crea­ti­vo de los hijos no impli­ca des­cui­dar otras áreas del desa­rro­llo. Arte, cien­cia y tec­no­lo­gía pue­den con­ju­gar­se de mane­ra armó­ni­ca. Pola­ri­zar estas dis­ci­pli­nas es un error que limi­ta el poten­cial de los niños. Admi­rar la natu­ra­le­za, valo­rar al otro y cul­ti­var la sen­si­bi­li­dad son aspec­tos que, como huma­ni­dad, mere­cen mayor aten­ción y reco­no­ci­mien­to.

Preguntas y respuestas relevantes

Pre­gun­ta (Rosa­rio): ¿Cómo pode­mos con­cluir esta sesión con un men­sa­je que los par­ti­ci­pan­tes pue­dan lle­var con­si­go?

Res­pues­ta (Psic.): El men­sa­je cen­tral es cono­cer­se a uno mis­mo, iden­ti­fi­car qué nos hace sen­tir bien y, des­de ese esta­do de equi­li­brio, irra­diar bien­es­tar hacia la fami­lia y la comu­ni­dad. Fomen­tar lo artís­ti­co y lo crea­ti­vo es una herra­mien­ta pode­ro­sa que debe­mos apren­der a explo­tar más. No se tra­ta de ele­gir entre el arte y otras dis­ci­pli­nas, sino de desa­rro­llar­las de for­ma com­ple­men­ta­ria, dejan­do siem­pre un gra­ni­to de are­na para hacer del mun­do un lugar mejor.

Próximos pasos y tareas

  • Asis­tir a la pró­xi­ma sesión de “Escue­la para Padres” el vier­nes 5 de junio a las 7:00 p.m., con la par­ti­ci­pa­ción del doc­tor Arman­do Qui­ro­sa Ada­me, quien abor­da­rá el tema “Padres cons­cien­tes, hijos sen­sa­tos”.
  • Invi­tar a más padres de fami­lia a unir­se al pro­yec­to, el cual se rea­li­za cada 15 días con un invi­ta­do espe­cia­lis­ta por sesión.

Recursos complementarios

NA

Violencias e infancias: reconocerla y tranformarla — Psic. Erick Jahyr Cardona Astudillo

Resumen general

Esta con­fe­ren­cia abor­dó el tema “Vio­len­cia e infan­cias: reco­no­cer­la y trans­for­mar­la”, pre­sen­ta­da por el psi­có­lo­go Erick Jahyr Car­do­na Astu­di­llo en el mar­co de la Escue­la para Padres de AMAPSI. La sesión se cen­tró en refle­xio­nar sobre las for­mas invi­si­bles de vio­len­cia que afec­tan a los niños en el con­tex­to mexi­cano actual, carac­te­ri­za­do por altos nive­les de con­flic­to y vio­len­cia social. Se explo­ró cómo los niños están inmer­sos en este con­tex­to, inter­pre­tan­do, vivien­do y muchas veces repro­du­cien­do la vio­len­cia que obser­van en la fami­lia, la escue­la, los medios de comu­ni­ca­ción y las redes socia­les. La pre­sen­ta­ción enfa­ti­zó la impor­tan­cia de reco­no­cer que la vio­len­cia no es solo agre­sión físi­ca, sino un fenó­meno com­ple­jo que afec­ta la inte­gri­dad psi­co­ló­gi­ca, sexual y moral de las per­so­nas.

Conceptos clave o teorías:

  • Vio­len­cia sim­bó­li­ca: Men­sa­jes y dis­cur­sos que impo­nen roles median­te este­reo­ti­pos y man­tie­nen rela­cio­nes de poder sin usar la fuer­za físi­ca
  • Vio­len­cia cul­tu­ral: Aspec­tos de la cul­tu­ra que jus­ti­fi­can o legi­ti­man la vio­len­cia direc­ta o estruc­tu­ral
  • Vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal: Cuan­do las ins­ti­tu­cio­nes ven al niño como un “obje­to de con­trol” y no como un suje­to de dere­chos
  • Vio­len­cia estruc­tu­ral: Des­igual­dad, pobre­za y fal­ta de opor­tu­ni­da­des que vio­len­tan el desa­rro­llo del niño
  • Vio­len­cia invi­si­ble: Actos u omi­sio­nes que no dejan hue­lla físi­ca pero lesio­nan la inte­gri­dad psi­co­emo­cio­nal
  • Trans­mi­sión de la vio­len­cia: Ver­ti­cal (de padres a hijos), hori­zon­tal (entre pares) y obli­cua (de la socie­dad y medios al niño)

Preguntas importantes planteadas:

  • ¿Por qué hablar de vio­len­cia en el con­tex­to de la infan­cia?
  • ¿Qué es real­men­te la vio­len­cia y cómo se mani­fies­ta en dife­ren­tes nive­les?
  • ¿Cómo se natu­ra­li­za la vio­len­cia en la vida dia­ria?
  • ¿Cómo dejar de natu­ra­li­zar la vio­len­cia sien­do que des­de la infan­cia se hace pre­sen­te?
  • ¿Cómo hacer para que los niños no jue­guen con armas o video­jue­gos vio­len­tos?
  • ¿Cuál es la dife­ren­cia entre ver a los niños como obje­tos ver­sus como suje­tos de dere­chos?

Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje

  • La vio­len­cia en Méxi­co es un fenó­meno alta­men­te pre­va­len­te que afec­ta a los niños, quie­nes la viven, inter­pre­tan y pue­den repro­du­cir
  • La vio­len­cia no es solo agre­sión físi­ca; inclu­ye for­mas invi­si­bles como la vio­len­cia sim­bó­li­ca, cul­tu­ral, ins­ti­tu­cio­nal y estruc­tu­ral
  • Los niños están expues­tos a la vio­len­cia en tres espa­cios prin­ci­pa­les: la fami­lia, la escue­la y el entorno digi­tal
  • La vio­len­cia se apren­de a tra­vés de tres meca­nis­mos: trans­mi­sión ver­ti­cal (padres a hijos), hori­zon­tal (entre pares) y obli­cua (socie­dad y medios)
  • Los niños son suje­tos de dere­chos capa­ces de sen­tir, pen­sar y trans­for­mar su entorno, no obje­tos que deben ser con­tro­la­dos
  • La prin­ci­pal deman­da de los niños es ser escu­cha­dos y vali­da­dos en sus viven­cias coti­dia­nas
  • La vio­len­cia pue­de trans­for­mar­se median­te estra­te­gias como esta­ble­cer lími­tes con res­pe­to, escu­cha acti­va, vali­da­ción emo­cio­nal y expre­sión crea­ti­va
  • Según el Infor­me SIPINNA 2025, el 62% de los niños mexi­ca­nos ha expe­ri­men­ta­do algu­na for­ma de vio­len­cia psi­co­ló­gi­ca o sim­bó­li­ca

Tema 1: Contexto y tipos de violencia

El con­tex­to social en Méxi­co es alta­men­te con­flic­ti­vo y vio­len­to, con vio­len­cia visi­ble en las calles, fami­lias, escue­las y medios de comu­ni­ca­ción que trans­mi­ten esta reali­dad en tiem­po real. Los niños están inmer­sos en este con­tex­to al igual que los adul­tos, inter­pre­tan­do, escu­chan­do y vien­do la vio­len­cia cons­tan­te­men­te. Una de las prin­ci­pa­les con­se­cuen­cias de tan­ta expo­si­ción es la natu­ra­li­za­ción de la vio­len­cia, pen­sán­do­la como algo nor­mal mien­tras no afec­te a alguien cer­cano.

La vio­len­cia es un fenó­meno com­ple­jo con múl­ti­ples cau­sas y for­mas de expre­sión, con varios nive­les de ries­go y seve­ri­dad. El vio­len­tó­me­tro esco­lar repre­sen­ta visual­men­te este espec­tro, des­de bro­mas y enga­ños has­ta vio­len­cias que cons­ti­tu­yen deli­tos gra­ves. La vio­len­cia sim­bó­li­ca se mani­fies­ta en el len­gua­je y este­reo­ti­pos, como afir­mar que “los niños no deben llo­rar” o que “las niñas no pue­den prac­ti­car box”, limi­tan­do las posi­bi­li­da­des de desa­rro­llo. La vio­len­cia cul­tu­ral legi­ti­ma que unos ten­gan más dere­chos que otros a tra­vés de reli­gio­nes, ideo­lo­gías, arte y cien­cia, como la segre­ga­ción de géne­ro en carre­ras pro­fe­sio­na­les.

La vio­len­cia estruc­tu­ral per­mi­te la des­igual­dad y que algu­nas per­so­nas domi­nen sobre otras, mani­fes­tán­do­se en la pobre­za y el acce­so dife­ren­cia­do a edu­ca­ción, ingre­sos y jus­ti­cia. La vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal vie­ne des­de las ins­ti­tu­cio­nes y sus for­mas de hacer las cosas, vien­do al niño como un obje­to a con­tro­lar en lugar de una per­so­na con nece­si­da­des de jue­go, apren­di­za­je y expre­sión. Todos estos tipos de vio­len­cia inter­ac­túan entre sí for­man­do un sis­te­ma que sos­tie­ne el poder y el sta­tus quo de la socie­dad.

Preguntas y respuestas relevantes:

Pre­gun­ta: ¿Cómo dejar de natu­ra­li­zar la vio­len­cia, sien­do que des­de la infan­cia se hace pre­sen­te?

Res­pues­ta: Lo pri­me­ro es reco­no­cer­la median­te psi­co­edu­ca­ción, iden­ti­fi­can­do qué es la vio­len­cia y dón­de sur­ge. Des­pués hacer un ejer­ci­cio de auto­rre­fle­xión para reco­no­cer si uno está repro­du­cien­do o sien­do víc­ti­ma de vio­len­cia. Una vez reco­no­ci­da, ense­ñar­lo a los hijos para que iden­ti­fi­quen cuan­do algo los está las­ti­man­do y bus­car solu­cio­nes, inclu­yen­do hablar con maes­tros o direc­to­res cuan­do sea nece­sa­rio.

Tema 2: Espacios donde se presenta la violencia en la infancia

La vio­len­cia en la infan­cia se pre­sen­ta prin­ci­pal­men­te en tres espa­cios inter­co­nec­ta­dos. En el hogar, la vio­len­cia fami­liar pue­de ser físi­ca, emo­cio­nal, ver­bal o por negli­gen­cia, ejer­ci­da por padres o fami­lia­res, mani­fes­tán­do­se en gri­tos, cas­ti­gos físi­cos, indi­fe­ren­cia emo­cio­nal o aban­dono. Esto gene­ra en los niños baja auto­es­ti­ma, ansie­dad y difi­cul­tad para con­fiar en adul­tos.

En la escue­la, la vio­len­cia se da entre pares y por figu­ras de auto­ri­dad, inclu­yen­do aco­so esco­lar físi­co, ver­bal o emo­cio­nal, con mani­fes­ta­cio­nes como bur­las, ais­la­mien­to y abu­so de poder docen­te. Esto resul­ta en mie­do, retrai­mien­to, bajo ren­di­mien­to esco­lar y depre­sión. La escue­la sue­le ser el pri­mer espa­cio don­de se bus­ca poner lími­tes a los niños, y cuan­do estos lími­tes no se han esta­ble­ci­do en casa, pue­de ser una expe­rien­cia de shock para el niño que no ha apren­di­do a tole­rar la frus­tra­ción.

En el espa­cio digi­tal, la vio­len­cia sur­ge en redes socia­les, video­jue­gos y pla­ta­for­mas vir­tua­les, mani­fes­tán­do­se como cyber­bull­ying, insul­tos en línea, aco­so, expo­si­ción y mani­pu­la­ción. Esto gene­ra pér­di­da de iden­ti­dad, ais­la­mien­to, estrés y vul­ne­ra­bi­li­dad emo­cio­nal. Este espa­cio es par­ti­cu­lar­men­te pro­ble­má­ti­co por­que hay mucho ano­ni­ma­to, un gran flu­jo de per­so­nas con las que inter­ac­tuar y está poco regu­la­do. Estas tres for­mas de vio­len­cia cir­cu­lan e inter­ac­túan entre sí, con los niños expues­tos tan­to a sufrir­la como a repro­du­cir­la.

Preguntas y respuestas relevantes:

Pre­gun­ta: ¿Cómo hacer para que no jue­guen con armas cuan­do los jue­gos los pro­mue­ven?

Res­pues­ta: Más que prohi­bir el jue­go, hay que pen­sar qué está dicién­do­nos el niño con ese jue­go. En video­jue­gos vio­len­tos, el niño pue­de estar des­aho­gan­do agre­si­vi­dad sin nece­sa­ria­men­te que­rer come­ter esa vio­len­cia en la reali­dad. La dife­ren­cia está en cómo jue­ga: si inter­ac­túa con otros niños esta­ble­cien­do reglas con­sen­sua­das, o si sim­ple­men­te dis­pa­ra a otros sin su con­sen­ti­mien­to. No se tra­ta tan­to del jue­go sino de lo que el niño está repre­sen­tan­do a tra­vés de ese jue­go, lo cual requie­re acer­car­se, com­pren­der y dia­lo­gar con el niño.

Tema 3: Transmisión cultural de la violencia

La vio­len­cia se apren­de y trans­mi­te cul­tu­ral­men­te a tra­vés de tres meca­nis­mos prin­ci­pa­les. La trans­mi­sión ver­ti­cal ocu­rre de padres a hijos median­te iden­ti­fi­ca­ción y crian­za, no por­que los padres ense­ñen explí­ci­ta­men­te a ser vio­len­tos, sino a tra­vés de acti­tu­des, for­mas de ser y creen­cias arrai­ga­das sobre cómo deben com­por­tar­se hom­bres y muje­res. La fami­lia fun­cio­na como un micro­cos­mos don­de la vio­len­cia se repro­du­ce como meca­nis­mo de adap­ta­ción para sobre­vi­vir en entor­nos hos­ti­les.

La trans­mi­sión hori­zon­tal se da entre pares median­te códi­gos de per­te­nen­cia en el jue­go y la escue­la. Los niños apren­den de sus com­pa­ñe­ros sobre mode­los de com­por­ta­mien­to, com­par­tien­do expe­rien­cias que pue­den incluir vio­len­cia nor­ma­li­za­da. La trans­mi­sión obli­cua pro­vie­ne de la socie­dad y medios hacia el niño, a tra­vés de dis­cur­sos de éxi­to, con­su­mo y fuer­za. Las nar­co series, por ejem­plo, mues­tran mode­los de per­so­nas dedi­ca­das al nar­co­trá­fi­co casi como héroes, con poder, dine­ro y posi­bi­li­da­des, lle­van­do a los niños a iden­ti­fi­car­se con estos mode­los vio­len­tos.

Exis­te una cri­sis de iden­ti­fi­ca­ción actual don­de la fami­lia, la escue­la y las figu­ras de auto­ri­dad ya no son desea­bles para los niños. Ya no quie­ren ser como sus papás, poli­cías, bom­be­ros o maes­tros, sino como per­so­na­jes vio­len­tos de series o pro­ta­go­nis­tas que resuel­ven pro­ble­mas con fuer­za. Esta cri­sis refle­ja cómo los mode­los tra­di­cio­na­les han per­di­do rele­van­cia fren­te a repre­sen­ta­cio­nes mediá­ti­cas de poder basa­do en la vio­len­cia.

Tema 4: La mirada sobre los niños y estrategias de transformación

Cada cul­tu­ra defi­ne su infan­cia, pero en la cul­tu­ra occi­den­tal actual se ve al niño como un pro­yec­to a futu­ro, un adul­to en for­ma­ción, un peque­ño adul­to que toda­vía no es total­men­te adul­to. Esta visión tute­lar con­si­de­ra al niño como ino­cen­te, inge­nuo o una pági­na en blan­co que debe ser nor­ma­da para ser adul­to. Ver­los así impi­de ver­los como niños en su momen­to pre­sen­te, en el aquí y el aho­ra, cen­trán­do­se exce­si­va­men­te en el maña­na y des­cui­dan­do lo que nece­si­tan vivir como niños en la actua­li­dad.

La visión de auto­no­mía, en con­tras­te, reco­no­ce al niño como suje­to capaz de sen­tir, pen­sar, deci­dir y trans­for­mar su entorno, siem­pre con­si­de­ran­do que los adul­tos son res­pon­sa­bles de su bien­es­tar. Según el Con­se­jo Nacio­nal de 2022, solo el 25% de los niños mexi­ca­nos sien­te que los adul­tos los escu­chan real­men­te. La prin­ci­pal deman­da de los niños es ser escu­cha­dos y vali­da­dos en sus viven­cias coti­dia­nas, pero muchas veces los adul­tos no escu­chan lo que dice el niño sino lo que ellos como adul­tos pue­den enten­der o quie­ren escu­char.

Para trans­for­mar la vio­len­cia, se pro­po­nen varias estra­te­gias. Esta­ble­cer lími­tes que no sean muros que sepa­ran sino vallas de segu­ri­dad que pro­te­gen, dife­ren­cian­do entre auto­ri­ta­ris­mo basa­do en mie­do y auto­ri­dad basa­da en res­pe­to. Los lími­tes son el anda­mia­je para vivir en socie­dad, expli­can­do al niño por qué hay momen­tos para jugar y otros para apren­der. La escu­cha acti­va impli­ca com­pren­der des­de la pers­pec­ti­va del niño, vali­dar sus emo­cio­nes sin mini­mi­zar sus expe­rien­cias. Nom­brar la vio­len­cia ayu­da a iden­ti­fi­car lo que due­le, poner en pala­bras y cues­tio­nar mar­cos que repro­du­cen la vio­len­cia. La expre­sión a tra­vés de la crea­ti­vi­dad median­te dibu­jo, jue­go y cuen­to per­mi­te a los niños expre­sar y trans­for­mar la vio­len­cia. Final­men­te, la cons­truc­ción colec­ti­va en gru­pos y espa­cios de diá­lo­go per­mi­te que los niños desa­rro­llen nue­vos sig­ni­fi­ca­dos y for­mas de con­vi­ven­cia.

Preguntas y respuestas relevantes:

Comen­ta­rio de par­ti­ci­pan­te: Muchas gra­cias por esta infor­ma­ción que nos hace recor­dar lo impor­tan­te que es escu­char a nues­tros niños y guiar­los acer­ca de la vio­len­cia.

Comen­ta­rio de par­ti­ci­pan­te: Pri­me­ra­men­te feli­ci­tar por tan intere­san­te plá­ti­ca, me que­do refle­xio­nan­do y ponien­do en prác­ti­ca la obser­va­ción, la escu­cha y el diá­lo­go para cono­cer cómo pien­san y sien­ten los niños. Esta plá­ti­ca es una mag­ní­fi­ca opor­tu­ni­dad para guiar­los en esta moder­ni­dad para que los niños vivan lo más ale­ja­dos de la vio­len­cia y no ser víc­ti­mas y mucho menos vic­ti­ma­rios.

Próximos pasos accionables / tareas

  • Dia­lo­gar cons­tan­te­men­te con los niños, no solo con pala­bras sino par­ti­ci­pan­do en sus jue­gos y dibu­jos
  • Prac­ti­car la obser­va­ción, escu­cha acti­va y diá­lo­go para cono­cer cómo pien­san y sien­ten los niños
  • Hacer un ejer­ci­cio de auto­rre­fle­xión para reco­no­cer si se está repro­du­cien­do o sien­do víc­ti­ma de vio­len­cia
  • Esta­ble­cer lími­tes con expli­ca­cio­nes cla­ras, dife­ren­cian­do entre auto­ri­ta­ris­mo y auto­ri­dad basa­da en res­pe­to
  • Vali­dar las emo­cio­nes de los niños sin mini­mi­zar sus expe­rien­cias
  • Ayu­dar a los niños a iden­ti­fi­car y nom­brar la vio­len­cia que expe­ri­men­tan o repro­du­cen
  • Asis­tir a la pró­xi­ma sesión de Escue­la para Padres el vier­nes 22 de mayo a las 7:00 PM con la psi­có­lo­ga Mire­ya Roxa­na Tibur­cio de la Cruz sobre el tema “Fomen­to de la crea­ti­vi­dad en la crian­za”

Recursos suplementarios

  • La gra­ba­ción de esta con­fe­ren­cia esta­rá dis­po­ni­ble en You­Tu­be, Face­book y la pági­na de AMAPSI para vol­ver a escu­char o com­par­tir
  • Se uti­li­zó un vio­len­tó­me­tro esco­lar como herra­mien­ta visual para repre­sen­tar los dife­ren­tes nive­les de vio­len­cia
  • Pre­sen­ta­ción con dia­po­si­ti­vas que inclu­yen con­cep­tos cla­ve, esta­dís­ti­cas del Infor­me SIPINNA 2025 y del Con­se­jo Nacio­nal de 2022

Respeto y empatía entre padres e hijos — Psic. Rita Nayut Machuca Cabrera

Esta con­fe­ren­cia de la Escue­la para Padres de Amap­si abor­dó el tema del res­pe­to y la empa­tía entre padres e hijos, pre­sen­ta­do por la psi­có­lo­ga y maes­tra Rita Nayud Machu­ca Cabre­ra. La sesión se cen­tró en pro­por­cio­nar herra­mien­tas, refle­xio­nes y estra­te­gias para lograr una crian­za cons­cien­te basa­da en estos dos valo­res fun­da­men­ta­les. Se enfa­ti­zó la impor­tan­cia de la madu­rez emo­cio­nal de los padres, la comu­ni­ca­ción efec­ti­va, y el esta­ble­ci­mien­to de lími­tes cla­ros sin recu­rrir al mal­tra­to. La pre­sen­ta­ción inclu­yó téc­ni­cas prác­ti­cas como el mind­ful­ness, el dia­rio emo­cio­nal y el rin­cón de la cal­ma para ayu­dar a los niños a regu­lar sus emo­cio­nes.

Conceptos o teorías clave

  • Res­pe­to mutuo: Acep­tar las dife­ren­cias, valo­rar cua­li­da­des y reco­no­cer dere­chos
  • Empa­tía: Poner­se en los zapa­tos del niño según su edad y desa­rro­llo
  • Madu­rez de los padres: Auto­es­ti­ma, tiem­po de cali­dad, comu­ni­ca­ción y res­pon­sa­bi­li­dad
  • Téc­ni­ca de la mayéu­ti­ca: Uso de pre­gun­tas refle­xi­vas para lle­gar al aná­li­sis
  • Dis­ci­pli­na posi­ti­va: Ense­ñar a tra­vés del ejem­plo evi­tan­do cas­ti­gos tra­di­cio­na­les
  • Mind­ful­ness infan­til: Res­pi­ra­ción, acep­ta­ción emo­cio­nal y espa­cios de cal­ma

Preguntas importantes planteadas

  • ¿Cómo pue­den los padres ejer­cer ver­da­de­ro res­pe­to y empa­tía hacia sus hijos?
  • ¿Has­ta dón­de lle­ga la madu­rez emo­cio­nal de los padres para edu­car ade­cua­da­men­te?
  • ¿Cómo mane­jar los berrin­ches como opor­tu­ni­da­des de apren­di­za­je emo­cio­nal?
  • ¿Qué con­se­cuen­cias tie­ne el mal­tra­to físi­co y emo­cio­nal en el desa­rro­llo infan­til?
  • ¿Cómo evi­tar repe­tir patro­nes de crian­za nega­ti­vos?
  • ¿Cuál es el equi­li­brio entre fle­xi­bi­li­dad y lími­tes cla­ros?

Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje

  • El res­pe­to impli­ca acep­tar las dife­ren­cias de los hijos, valo­rar sus cua­li­da­des y reco­no­cer sus dere­chos
  • La madu­rez de los padres se refle­ja en auto­es­ti­ma, tiem­po de cali­dad, comu­ni­ca­ción efec­ti­va y res­pon­sa­bi­li­dad
  • La empa­tía requie­re pacien­cia, vali­da­ción emo­cio­nal, comu­ni­ca­ción con amor y uso de pre­gun­tas refle­xi­vas
  • Los berrin­ches son par­te del desa­rro­llo y opor­tu­ni­da­des para ense­ñar habi­li­da­des emo­cio­na­les
  • El mal­tra­to (acti­vo o pasi­vo) gene­ra tras­tor­nos como ansie­dad, depre­sión, fobias y con­duc­tas anti­so­cia­les
  • La dis­ci­pli­na efec­ti­va se basa en ense­ñar median­te ejem­plos, no en cas­ti­gos que gene­ran mie­do
  • Herra­mien­tas prác­ti­cas inclu­yen res­pi­ra­ción pro­fun­da, dia­rio emo­cio­nal y rin­cón de la cal­ma
  • Los lími­tes cla­ros com­bi­na­dos con amor gene­ran segu­ri­dad en el desa­rro­llo del niño
  • Es fun­da­men­tal que los adul­tos reco­noz­can y regu­len sus pro­pias emo­cio­nes antes de edu­car

Tema 1: Madurez de los padres y valores fundamentales

Rita Nayud ini­ció la pre­sen­ta­ción enfa­ti­zan­do que los padres, como adul­tos, tie­nen la res­pon­sa­bi­li­dad prin­ci­pal en la crian­za y deben ejer­cer madu­rez emo­cio­nal. Esta madu­rez se mani­fies­ta en cua­tro aspec­tos fun­da­men­ta­les: auto­es­ti­ma y amor pro­pio, tiem­po de cali­dad con los hijos, comu­ni­ca­ción bidi­rec­cio­nal (escu­char y hablar), y res­pon­sa­bi­li­dad cons­cien­te ante el rol de crian­za. El res­pe­to mutuo se cons­tru­ye a tra­vés de la ama­bi­li­dad, la comu­ni­ca­ción con amor y el reco­no­ci­mien­to de los logros de los niños. La ponen­te sub­ra­yó que si los padres quie­ren ense­ñar a los niños a que­rer­se, pri­me­ro deben empe­zar por amar­se a sí mis­mos, ya que los niños apren­den prin­ci­pal­men­te del ejem­plo que obser­van en los adul­tos.

Tema 2: Los cuatro pasos para desarrollar la empatía

La maes­tra Rita pre­sen­tó cua­tro pasos fun­da­men­ta­les para desa­rro­llar empa­tía con los hijos. Pri­me­ro, el amor como base de la edu­ca­ción, que inclu­ye hablar con cari­ño y afec­to, pro­por­cio­nar segu­ri­dad emo­cio­nal y reco­no­cer que todo ser humano nece­si­ta ese res­pal­do emo­cio­nal. Segun­do, la pacien­cia y vida emo­cio­nal, que impli­ca tener tole­ran­cia, poner­se en los zapa­tos del niño según su edad (3, 4, 12 o 15 años), y vali­dar sus emo­cio­nes para que se sien­ta en con­fian­za de expre­sar­las. Ter­ce­ro, la comu­ni­ca­ción y el diá­lo­go con pala­bras posi­ti­vas, hablan­do con cari­ño inclu­so cuan­do se está irri­ta­do o eno­ja­do, para que el niño se sien­ta que­ri­do, ama­do y res­pe­ta­do. Cuar­to, la téc­ni­ca de la mayéu­ti­ca, que con­sis­te en hacer pre­gun­tas refle­xi­vas como “¿por qué te sien­tes así?”, “¿para qué te hace sen­tir bien este sen­ti­mien­to?” para lle­var al niño al aná­li­sis y la refle­xión sobre sus actos y con­se­cuen­cias.

Tema 3: Manejo del berrinche y prevención del maltrato

El berrin­che fue pre­sen­ta­do como par­te natu­ral del desa­rro­llo infan­til y una opor­tu­ni­dad para ense­ñar habi­li­da­des emo­cio­na­les. Apa­re­ce cuan­do el niño no sabe expre­sar sus emo­cio­nes, lo que le irri­ta o le da cora­je. El adul­to debe res­pi­rar, tener pacien­cia, escu­char y bajar la voz para que el niño tam­bién se cal­me, evi­tan­do que ambos entren en cri­sis. Es fun­da­men­tal hablar y comu­ni­car para que el niño entien­da por qué está pasan­do, para qué, cómo y qué se pue­de solu­cio­nar. La ponen­te advir­tió sobre el mal­tra­to, defi­ni­do como con­duc­ta ame­na­zan­te y des­truc­ti­va que per­ju­di­ca el bien­es­tar físi­co, men­tal y emo­cio­nal del menor. Dis­tin­guió entre mal­tra­to acti­vo (gol­pes, vio­len­cia físi­ca, emo­cio­nal o psi­co­ló­gi­ca con fra­ses como “eres bien ton­to”) y mal­tra­to pasi­vo (igno­rar al niño). Estas for­mas de mal­tra­to pue­den desa­rro­llar enfer­me­da­des como tras­torno obse­si­vo com­pul­si­vo, fobias, angus­tia, depre­sión, ansie­dad y pseu­do men­ti­ras, afec­tan­do el desa­rro­llo has­ta la edad adul­ta.

Tema 4: Herramientas prácticas de mindfulness y regulación emocional

Rita Nayud pre­sen­tó varias herra­mien­tas prác­ti­cas basa­das en mind­ful­ness. La res­pi­ra­ción pro­fun­da es fun­da­men­tal, ense­ñan­do al niño a inha­lar y exha­lar cuan­do entra en caos por­que las cosas no se cum­plen como quie­re, para que el eno­jo se vaya cal­man­do. La acep­ta­ción de la emo­ción es cru­cial: no tie­ne nada de malo eno­jar­se, estar tris­te, tener mie­do, irri­tar­se o sen­tir asco; los adul­tos deben reco­no­cer y acep­tar pri­me­ro sus pro­pias emo­cio­nes para des­pués ense­ñár­se­lo al niño. El rin­cón de la cal­ma es un espa­cio don­de el niño se sien­te segu­ro; cuan­do está eno­ja­do, va a su espa­cio, res­pi­ra, se con­tro­la y lue­go regre­sa con los padres para tomar deci­sio­nes o reco­no­cer qué pasó. El dia­rio emo­cio­nal per­mi­te escri­bir sín­to­mas y carac­te­rís­ti­cas de las emo­cio­nes; para niños peque­ños pue­de usar colo­res e imá­ge­nes (ama­ri­llo para ale­gría, rojo para eno­jo), mien­tras que ado­les­cen­tes escri­ben para iden­ti­fi­car patro­nes y enten­der que las emo­cio­nes son pasa­je­ras.

Tema 5: Límites, flexibilidad y reconocimientos

La ponen­te abor­dó la dife­ren­cia entre pre­mios y reco­no­ci­mien­tos, enfa­ti­zan­do que no siem­pre deben ser obje­tos mate­ria­les. El jue­go es fun­da­men­tal: cuan­do el adul­to jue­ga con el niño, pue­de enta­blar con­ver­sa­ción y ense­ñar median­te el ejem­plo cómo ganar y per­der. El reco­no­ci­mien­to impli­ca escu­char al niño y valo­rar sus logros o fra­ca­sos, dar­le la pala­bra delan­te de los demás como for­ma de empa­ti­zar. Los lími­tes cla­ros no deben con­fun­dir­se con cas­ti­gos; se tra­ta de acuer­dos: “te doy esto por­que hicis­te tal situa­ción” o “lle­ga­mos a este acuer­do”. La fle­xi­bi­li­dad es impor­tan­te cuan­do se obser­van avan­ces: “en ese momen­to esta­ba exal­ta­da y te impe­dí esta situa­ción, pero veo que hay un avan­ce, ¿te pare­ce si lle­ga­mos a un acuer­do?” Sin embar­go, tam­bién es cru­cial cum­plir lo que se dice: “con el dolor de mi cora­zón, pero dije que esta sema­na no sal­drías, enton­ces no lo vas a hacer.” La fra­se cla­ve pre­sen­ta­da fue: “Mucho amor + lími­tes cla­ros = segu­ri­dad en el adul­to”, enfa­ti­zan­do que esta com­bi­na­ción ayu­da a que el niño crez­ca con segu­ri­dad en sí mis­mo.

Tema 6: Consecuencias del maltrato y responsabilidad social

Rita Nayud pre­sen­tó las gra­ves con­se­cuen­cias del mal­tra­to en el desa­rro­llo infan­til, advir­tien­do que pue­de gene­rar tras­tor­nos del com­por­ta­mien­to social, con­duc­ta nega­ti­va desa­fian­te, delin­cuen­cia y otros tras­tor­nos de con­duc­ta. Men­cio­nó el caso recien­te de un joven de 15 años en Michoa­cán que ase­si­nó a sus maes­tras, seña­lan­do que ya se veían cier­tos ras­gos de eno­jo y desa­fío a la auto­ri­dad. Enfa­ti­zó que actual­men­te hay muchas per­so­nas que han cre­ci­do con resen­ti­mien­to, cora­je, mal­tra­to, humi­lla­cio­nes y pala­bras hirien­tes, lo que ha gene­ra­do que no ten­gan lími­tes y sien­tan cora­je con­tra los demás y con­tra la vida. La ponen­te sub­ra­yó la impor­tan­cia de ense­ñar res­pe­to y empa­tía empe­zan­do por los adul­tos mis­mos, para des­pués trans­mi­tir­lo a los hijos y crear una cade­na social posi­ti­va. Con­clu­yó con un lla­ma­do a la res­pon­sa­bi­li­dad: “Antes que nada, ser padre no es una tarea sen­ci­lla, impli­ca tiem­po y pacien­cia. Estás crean­do nue­vas per­so­nas que van a socia­li­zar y com­ba­tir lo que está pasan­do hoy en día. Tene­mos la res­pon­sa­bi­li­dad de crear per­so­nas de bien, empá­ti­cas, segu­ras y res­pe­tuo­sas. Estos niños son la nue­va gene­ra­ción. Ya no que­re­mos más mal­dad hacia el mun­do. Esto depen­de de noso­tros.”

Pasos de acción y tareas

  • Prac­ti­car téc­ni­cas de res­pi­ra­ción pro­fun­da con los hijos cuan­do se pre­sen­ten situa­cio­nes de eno­jo o frus­tra­ción
  • Imple­men­tar un rin­cón de la cal­ma en casa, dise­ña­do en con­jun­to con el niño según sus pre­fe­ren­cias
  • Ini­ciar un dia­rio emo­cio­nal adap­ta­do a la edad del niño (con colo­res e imá­ge­nes para peque­ños, escri­tu­ra para ado­les­cen­tes)
  • Obser­var y reco­no­cer las pro­pias emo­cio­nes como adul­tos antes de corre­gir a los hijos
  • Esta­ble­cer lími­tes cla­ros y cum­plir con lo que se dice, sien­do fle­xi­ble cuan­do se obser­ven cam­bios posi­ti­vos
  • Dedi­car tiem­po de cali­dad con los hijos a tra­vés del jue­go y acti­vi­da­des com­par­ti­das
  • Prac­ti­car la téc­ni­ca de la mayéu­ti­ca hacien­do pre­gun­tas refle­xi­vas en lugar de impo­ner solu­cio­nes
  • Con­si­de­rar tera­pia psi­co­ló­gi­ca per­so­nal para evi­tar repe­tir patro­nes de crian­za nega­ti­vos
  • Vali­dar las emo­cio­nes de los hijos sin juz­gar­las, ense­ñán­do­les que todas las emo­cio­nes son váli­das
  • Conec­tar pri­me­ro con el niño antes de corre­gir com­por­ta­mien­tos

La crianza y la salud psicológica de madres y padres — Psic. Brenda Jazmín Ponce Soriano

Esta con­fe­ren­cia abor­dó la impor­tan­cia de la salud men­tal de los padres y madres en el pro­ce­so de crian­za, enfa­ti­zan­do cómo el bien­es­tar emo­cio­nal de los cui­da­do­res impac­ta direc­ta­men­te en el desa­rro­llo salu­da­ble de niños, niñas y ado­les­cen­tes. Bren­da pre­sen­tó un reco­rri­do por las dife­ren­tes eta­pas del desa­rro­llo infan­til, des­de la pri­me­ra infan­cia has­ta la ado­les­cen­cia, iden­ti­fi­can­do las nece­si­da­des espe­cí­fi­cas de cada perio­do y el rol fun­da­men­tal que jue­gan los adul­tos como figu­ras de segu­ri­dad y acom­pa­ña­mien­to. La ponen­cia des­ta­có que la crian­za es un pro­ce­so estre­san­te que requie­re auto­cui­da­do cons­tan­te, y que no se bus­ca la per­fec­ción sino la pre­sen­cia cons­cien­te y el com­pro­mi­so con el pro­pio bien­es­tar para poder ofre­cer una crian­za más salu­da­ble.

Conceptos clave o teorías

  • Eta­pas del desa­rro­llo: Pri­me­ra infan­cia (0–5 años), infan­cia (6–11 años) y ado­les­cen­cia, cada una con nece­si­da­des espe­cí­fi­cas
  • Auto­cui­da­do como prio­ri­dad: Cui­dar­se a uno mis­mo para poder cui­dar mejor a los hijos
  • Pre­sen­cia vs. per­fec­ción: Los niños no nece­si­tan padres per­fec­tos, sino padres pre­sen­tes
  • Salud men­tal paren­tal: El esta­do emo­cio­nal de los padres afec­ta direc­ta­men­te la crian­za y el desa­rro­llo infan­til
  • Moni­to­reo emo­cio­nal: Sis­te­ma de semá­fo­ro (ver­de, ama­ri­llo, rojo) para iden­ti­fi­car el esta­do de bien­es­tar
  • Resig­ni­fi­ca­ción del tra­ba­jo: Cam­biar la per­cep­ción del tra­ba­jo como algo que sepa­ra, a algo que apor­ta valor

Preguntas importantes planteadas

  • ¿Cuál es mi his­to­ria de crian­za y cómo me sen­tía en casa cuan­do era niño/a?
  • ¿Hay cosas que mejo­ra­ría, cam­bia­ría o evi­ta­ría de mi pro­pia infan­cia?
  • ¿Cómo eran mis cui­da­do­res y qué tipo de cui­da­do me ofre­cían?
  • ¿Cómo me estoy sin­tien­do la mayo­ría de mis días?
  • ¿Cuá­les son mis redes de apo­yo y a quién pue­do acu­dir cuan­do nece­si­to ayu­da?
  • ¿Qué com­pro­mi­so me lle­vo hoy para mejo­rar la crian­za en casa?

Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje

  • La salud men­tal de los padres es fun­da­men­tal para ofre­cer una crian­za salu­da­ble y pre­sen­te
  • Cada eta­pa del desa­rro­llo infan­til tie­ne nece­si­da­des espe­cí­fi­cas que los cui­da­do­res deben cono­cer y aten­der
  • El auto­cui­da­do no es egoís­mo, sino una nece­si­dad para poder acom­pa­ñar ade­cua­da­men­te a los hijos
  • No pode­mos cam­biar la infan­cia que tuvi­mos, pero sí pode­mos cam­biar la infan­cia que ofre­ce­mos
  • Los niños nece­si­tan adul­tos pre­sen­tes, no per­fec­tos, que les brin­den segu­ri­dad y vali­da­ción
  • El moni­to­reo emo­cio­nal cons­tan­te per­mi­te iden­ti­fi­car cuán­do nece­si­ta­mos hacer cam­bios en nues­tro bien­es­tar
  • Peque­ños cam­bios coti­dia­nos pue­den gene­rar gran­des mejo­ras en la salud men­tal y la crian­za
  • El tra­ba­jo debe resig­ni­fi­car­se como algo posi­ti­vo que apor­ta, no como algo que sepa­ra de los hijos

Tema 1: Etapas del desarrollo infantil y sus necesidades

Bren­da pre­sen­tó un reco­rri­do deta­lla­do por las prin­ci­pa­les eta­pas del desa­rro­llo, comen­zan­do con la pri­me­ra infan­cia (0–5 años), perio­do carac­te­ri­za­do por el des­cu­bri­mien­to del mun­do a tra­vés de los sen­ti­dos y el movi­mien­to. En esta eta­pa, los niños requie­ren fun­da­men­tal­men­te segu­ri­dad, que se cons­tru­ye a tra­vés de la pre­sen­cia cons­tan­te de los cui­da­do­res, ruti­nas pre­de­ci­bles y lími­tes cla­ros que fun­cio­nan como for­mas de cui­da­do. Las ruti­nas son espe­cial­men­te impor­tan­tes por­que ayu­dan a los niños a pre­de­cir lo que vie­ne, faci­li­tan­do su com­pren­sión del mun­do y redu­cien­do la ansie­dad.

La infan­cia (6–11/12 años) se carac­te­ri­za por una mayor inde­pen­den­cia y auto­no­mía motriz. Los niños comien­zan a tomar deci­sio­nes sim­ples, desa­rro­llan el sen­ti­do de per­te­nen­cia a tra­vés de gru­pos de ami­gos, y van cons­tru­yen­do su auto­con­cep­to basán­do­se en lo que son capa­ces de lograr. Duran­te esta eta­pa, la deman­da aca­dé­mi­ca aumen­ta y los niños enfren­tan retos más com­ple­jos en sus rela­cio­nes socia­les. El papel del adul­to es cru­cial para ofre­cer reco­no­ci­mien­to de sus capa­ci­da­des y ayu­dar­les a desa­rro­llar estra­te­gias de regu­la­ción emo­cio­nal ante el fra­ca­so, el recha­zo o las difi­cul­ta­des. La vali­da­ción se con­vier­te en una nece­si­dad fun­da­men­tal que los padres deben satis­fa­cer.

La ado­les­cen­cia repre­sen­ta un perio­do crí­ti­co mar­ca­do por cam­bios físi­cos, hor­mo­na­les y de cre­ci­mien­to que colo­can al joven en una posi­ción inter­me­dia entre la niñez y la adul­tez. Duran­te esta eta­pa se cons­tru­ye la iden­ti­dad, se bus­ca la sepa­ra­ción emo­cio­nal de los padres, y el sen­ti­do de per­te­nen­cia a gru­pos fue­ra de la fami­lia se vuel­ve pri­mor­dial. Los ado­les­cen­tes bus­can inde­pen­den­cia y pue­den mos­trar resis­ten­cia a la auto­ri­dad paren­tal. Lo que nece­si­tan en esta eta­pa es escu­cha acti­va, res­pe­to, acom­pa­ña­mien­to y lími­tes fir­mes pero fle­xi­bles. Es impor­tan­te que los padres estén pre­pa­ra­dos para ser cues­tio­na­dos y man­ten­gan cana­les de diá­lo­go abier­tos, escu­chan­do genui­na­men­te las dudas, mie­dos y angus­tias del ado­les­cen­te en lugar de sim­ple­men­te dar ins­truc­cio­nes.

Tema 2: Autocuidado y salud mental parental

Bren­da uti­li­zó la ana­lo­gía de las mas­ca­ri­llas de oxí­geno en los avio­nes para ilus­trar la impor­tan­cia del auto­cui­da­do: pri­me­ro debe­mos colo­car­nos nues­tra pro­pia mas­ca­ri­lla antes de ayu­dar a otros. Este prin­ci­pio apli­ca direc­ta­men­te a la crian­za: los padres deben cui­dar de sí mis­mos pri­me­ro para poder acom­pa­ñar de mane­ra salu­da­ble a sus hijos. La crian­za es inhe­ren­te­men­te estre­san­te, con deman­das que varían según cada eta­pa del desa­rro­llo, y estas exi­gen­cias pro­vie­nen no solo de las nece­si­da­des reales de los niños, sino tam­bién de las pro­pias creen­cias, esti­los y for­mas en que los padres fue­ron cria­dos.

Se iden­ti­fi­ca­ron varios fac­to­res que afec­tan la salud psi­co­ló­gi­ca de los padres: la sobre­car­ga de res­pon­sa­bi­li­da­des en un rit­mo de vida ace­le­ra­do, el estrés labo­ral, las dis­tan­cias que se reco­rren dia­ria­men­te, las situa­cio­nes eco­nó­mi­cas, y en muchos casos, que una sola per­so­na lle­ve toda la res­pon­sa­bi­li­dad del cui­da­do y la pro­vi­sión. La fal­ta de sue­ño y el can­san­cio impac­tan nega­ti­va­men­te por­que gene­ran irri­ta­bi­li­dad y dis­mi­nu­yen el ren­di­mien­to. El ais­la­mien­to social es otro fac­tor impor­tan­te, ya que difi­cul­ta com­par­tir cómo nos sen­ti­mos y pue­de lle­var a reci­bir comen­ta­rios inva­li­dan­tes. La difi­cul­tad para pedir ayu­da, los pro­ble­mas de pare­ja o tra­ba­jo, y los ante­ce­den­tes per­so­na­les de ansie­dad o depre­sión tam­bién afec­tan sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el bien­es­tar emo­cio­nal.

Bren­da pre­sen­tó un sis­te­ma de semá­fo­ro emo­cio­nal para faci­li­tar el moni­to­reo del esta­do de bien­es­tar. El esta­do “ver­de” repre­sen­ta con­di­cio­nes ópti­mas: acti­tud posi­ti­va, ini­cia­ti­va, capa­ci­dad de dis­fru­tar, inte­rés por com­par­tir y apren­der, y empa­tía hacia los demás. El esta­do “ama­ri­llo” indi­ca seña­les de aler­ta: sen­ti­mien­to de estar estan­ca­do, desin­te­rés, ais­la­mien­to, con­fu­sión sobre las deci­sio­nes, insa­tis­fac­ción per­so­nal y mie­do. Cuan­do alguien se encuen­tra en ama­ri­llo duran­te las últi­mas dos sema­nas o un mes, es momen­to de empe­zar a hacer cam­bios: bus­car acti­vi­da­des que gene­ren inte­rés y pla­cer, com­par­tir con per­so­nas cer­ca­nas que apor­ten bien­es­tar. El esta­do “rojo” repre­sen­ta una situa­ción más crí­ti­ca: irri­ta­bi­li­dad cons­tan­te, inca­pa­ci­dad para dis­fru­tar, preo­cu­pa­ción exce­si­va por cosas que qui­zás no ocu­rran, sen­ti­mien­to de des­es­pe­ran­za y ais­la­mien­to. Lle­gar al rojo no sig­ni­fi­ca que todo esté per­di­do, pero sí requie­re aten­ción inme­dia­ta y posi­ble­men­te ayu­da pro­fe­sio­nal.

Para mejo­rar la salud men­tal, Bren­da pro­pu­so comen­zar con cam­bios peque­ños y acce­si­bles: cui­dar la higie­ne del sue­ño (evi­tar pan­ta­llas antes de dor­mir, crear un ambien­te cómo­do para des­can­sar), man­te­ner una ali­men­ta­ción ade­cua­da (con­su­mir sufi­cien­te agua y ver­du­ras), dedi­car tiem­po libre para acti­vi­da­des pla­cen­te­ras (aun­que sean solo unos minu­tos), apren­der a dele­gar res­pon­sa­bi­li­da­des y tole­rar que las cosas no se hagan exac­ta­men­te como uno quie­re, prac­ti­car la auto­com­pa­sión y la gra­ti­tud (reco­no­cer el esfuer­zo pro­pio y enfo­car­se en lo que sí se tie­ne y se pue­de hacer), rea­li­zar ejer­ci­cios de res­pi­ra­ción antes de reac­cio­nar ante situa­cio­nes estre­san­tes, y lle­var un moni­to­reo emo­cio­nal cons­tan­te que pue­de hacer­se median­te un dia­rio o apli­ca­cio­nes del telé­fono.

Tema 3: Impacto del estado emocional parental en la crianza

El esta­do emo­cio­nal de los padres no solo afec­ta su pro­pio bien­es­tar, sino que tie­ne un impac­to direc­to en todos los aspec­tos de la crian­za y el desa­rro­llo de los hijos. Bren­da expli­có que las emo­cio­nes no exis­ten de for­ma ais­la­da, sino que for­man par­te de un sis­te­ma inter­co­nec­ta­do que inclu­ye cua­tro com­po­nen­tes: la emo­ción mis­ma, la cog­ni­ción (pen­sa­mien­tos), la con­duc­ta (accio­nes) y las rela­cio­nes con otros. Este sis­te­ma fun­cio­na como un engra­na­je don­de cada ele­men­to afec­ta a los demás.

Por ejem­plo, en un esta­do de eno­jo, la emo­ción es la ira, la cog­ni­ción pue­de ser “todo el mun­do me hace eno­jar, nadie me entien­de”, la con­duc­ta resul­tan­te pue­de ser gri­tar, aven­tar puer­tas, agre­dir o ais­lar­se, y esto final­men­te afec­ta las rela­cio­nes con las per­so­nas del entorno. Como nos pen­sa­mos, nos sen­ti­mos: si comen­za­mos a pen­sar que todo está mal, que nada nos gus­ta, que nadie nos entien­de, que no lo esta­mos hacien­do bien, la emo­ción gene­ra­rá una res­pues­ta de tris­te­za, eno­jo, frus­tra­ción o impo­ten­cia. Por eso es fun­da­men­tal cui­dar la salud psi­co­ló­gi­ca, por­que no solo impac­ta cómo nos sen­ti­mos indi­vi­dual­men­te, sino tam­bién cómo actua­mos y cómo nos rela­cio­na­mos con nues­tros hijos.

Un men­sa­je cen­tral de la con­fe­ren­cia fue que “un adul­to regu­la­do cría con mayor cal­ma, un adul­to satu­ra­do reac­cio­na”. Los niños, niñas y ado­les­cen­tes se dan cuen­ta de lo que ocu­rre con sus padres, per­ci­ben cuan­do mamá o papá no se encuen­tran bien, y aun­que los padres inten­ten ocul­tar­lo, la inter­ac­ción cam­bia. Es impor­tan­te poder comu­ni­car las emo­cio­nes de mane­ra apro­pia­da según la edad de los hijos. Con un niño de 5 o 6 años, por ejem­plo, no se tra­ta de que entien­da com­ple­ta­men­te la situa­ción, sino de que apren­da que las emo­cio­nes se nom­bran, que exis­ten y que son váli­das. Hay pro­ble­mas de adul­tos que no son res­pon­sa­bi­li­dad de los niños resol­ver, pero sí se pue­de com­par­tir de mane­ra sim­ple: “en este momen­to me sien­to tris­te” o “en este momen­to me sien­to eno­ja­da”.

Bren­da enfa­ti­zó que los niños no requie­ren padres per­fec­tos, sino padres pre­sen­tes. La pre­sen­cia impli­ca estar dis­po­ni­ble emo­cio­nal­men­te, vali­dar sus expe­rien­cias, escu­char acti­va­men­te y ser un lugar de segu­ri­dad. Las expec­ta­ti­vas irrea­les de ser padres per­fec­tos con hijos que se por­ten bien, vayan bien en la escue­la y prac­ti­quen depor­tes, gene­ran pre­sión inne­ce­sa­ria. Los padres tie­nen per­mi­so para no estar bien todo el tiem­po, para come­ter erro­res, para tener días difí­ci­les. Lo impor­tan­te es reco­no­cer estos esta­dos, ges­tio­nar­los ade­cua­da­men­te y man­te­ner la pre­sen­cia y el com­pro­mi­so con el bien­es­tar pro­pio y el de los hijos.

Estrategias para el manejo del tiempo libre en la familia — Mtro. Santiago Torres Reyes

Esta sesión de la Escue­la para Padres de Amap­si abor­dó las estra­te­gias para el mane­jo del tiem­po libre en fami­lia, pre­sen­ta­da por el Maes­tro San­tia­go Torres Reyes, psi­có­lo­go con más de 25 años de expe­rien­cia en docen­cia y prác­ti­ca clí­ni­ca. La con­fe­ren­cia explo­ró el con­cep­to del tiem­po libre des­de diver­sas pers­pec­ti­vas, inclu­yen­do defi­ni­cio­nes de la Real Aca­de­mia Espa­ño­la, la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud y el enfo­que sis­té­mi­co de tera­pia fami­liar. Se enfa­ti­zó que el tiem­po libre es aquel que que­da tras satis­fa­cer obli­ga­cio­nes per­so­na­les y que debe ser uti­li­za­do de mane­ra cons­cien­te y volun­ta­ria para enri­que­cer las rela­cio­nes fami­lia­res. El maes­tro des­ta­có la impor­tan­cia de la dis­po­si­ción y moti­va­ción de los padres para dedi­car tiem­po de cali­dad a sus hijos, más allá de la can­ti­dad de tiem­po dis­po­ni­ble.

Conceptos o teorías clave

  • Tiem­po libre como espa­cio fue­ra de obli­ga­cio­nes per­so­na­les para acti­vi­da­des volun­ta­rias
  • Ocio diri­gi­do como recur­so para el desa­rro­llo per­so­nal y social
  • Tipos de tiem­po libre: acti­vo, pasi­vo, noci­vo, lúdi­co, eco­am­bien­tal y crea­ti­vo
  • Impor­tan­cia del víncu­lo fami­liar y la estruc­tu­ra jerár­qui­ca en la fami­lia
  • Con­cep­to de cali­dad ver­sus can­ti­dad en el tiem­po dedi­ca­do a los hijos
  • Desa­rro­llo cog­ni­ti­vo según Pia­get y la impor­tan­cia de la crea­ti­vi­dad en eta­pas ope­ra­cio­na­les

Preguntas importantes planteadas

  • ¿Qué tiem­po fue­ra ten­go dis­po­ni­ble como padre o madre para dedi­car a mis hijos?
  • ¿Ten­go la dis­po­si­ción y volun­tad para entre­gar­me a acti­vi­da­des recrea­ti­vas con mi fami­lia?
  • ¿Cómo está el víncu­lo actual con mis hijos y qué acti­vi­da­des recrea­ti­vas rea­li­za­mos jun­tos?
  • ¿Qué con­se­cuen­cias psi­co­ló­gi­cas pue­den sur­gir cuan­do no mane­ja­mos ade­cua­da­men­te el tiem­po libre fami­liar?
  • ¿Cómo pode­mos equi­li­brar las res­pon­sa­bi­li­da­des labo­ra­les con el tiem­po de cali­dad para la fami­lia?

Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje

  • El tiem­po libre debe ser enten­di­do como un espa­cio cons­cien­te y volun­ta­rio para el enri­que­ci­mien­to per­so­nal y fami­liar
  • La dis­po­si­ción y moti­va­ción de los padres son fun­da­men­ta­les para crear espa­cios de con­vi­ven­cia sig­ni­fi­ca­ti­vos
  • Exis­ten dife­ren­tes tipos de tiem­po libre que impac­tan de mane­ra dis­tin­ta en el desa­rro­llo fami­liar
  • La fal­ta de mane­jo ade­cua­do del tiem­po libre pue­de gene­rar con­se­cuen­cias psi­co­ló­gi­cas nega­ti­vas en niños y ado­les­cen­tes
  • Los bene­fi­cios del tiem­po libre inclu­yen reduc­ción del estrés, mejo­ra de la comu­ni­ca­ción y for­ta­le­ci­mien­to de víncu­los fami­lia­res
  • Es prio­ri­ta­rio que los padres pri­me­ro se rega­len tiem­po a sí mis­mos y como pare­ja antes de com­par­tir con los hijos
  • Las acti­vi­da­des recrea­ti­vas deben ser super­vi­sa­das y diri­gi­das con pro­pó­si­tos cla­ros de enri­que­ci­mien­to
  • La cali­dad del tiem­po es más impor­tan­te que la can­ti­dad de horas dedi­ca­das

Tema 1: Conceptualización del tiempo libre

El Maes­tro San­tia­go pre­sen­tó múl­ti­ples defi­ni­cio­nes del tiem­po libre, comen­zan­do con la pers­pec­ti­va de la Real Aca­de­mia Espa­ño­la que lo defi­ne como el tiem­po que que­da tras haber satis­fe­cho todas las nece­si­da­des y obli­ga­cio­nes per­so­na­les. Esta con­cep­tua­li­za­ción esta­ble­ce que el tiem­po libre es aquel espa­cio fue­ra de las obli­ga­cio­nes labo­ra­les, esco­la­res o domés­ti­cas don­de las per­so­nas pue­den dedi­car­se a acti­vi­da­des de su elec­ción. La Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud com­ple­men­ta esta defi­ni­ción al des­cri­bir­lo como acti­vi­da­des volun­ta­rias aje­nas a un hora­rio esta­ble­ci­do, con el fin de satis­fa­cer intere­ses pro­pios y dis­fru­tar de ellos. Des­de la psi­co­lo­gía gene­ral, se entien­de como el tiem­po dis­pues­to por las per­so­nas con cier­ta liber­tad, cuan­do no está vin­cu­la­do a tra­ba­jos pro­fe­sio­na­les, obli­ga­cio­nes o nece­si­da­des.

El enfo­que sis­té­mi­co de tera­pia fami­liar apor­ta una dimen­sión adi­cio­nal al englo­bar todas aque­llas acti­vi­da­des recrea­ti­vas don­de los inte­gran­tes de la fami­lia pue­den entre­gar­se de mane­ra com­ple­ta­men­te volun­ta­ria. Esta pers­pec­ti­va enfa­ti­za la impor­tan­cia de la inclu­sión de todos los miem­bros fami­lia­res en las acti­vi­da­des recrea­ti­vas, sin excluir a nin­gún inte­gran­te por com­por­ta­mien­tos o carac­te­rís­ti­cas par­ti­cu­la­res. El maes­tro cues­tio­nó repe­ti­da­men­te a los asis­ten­tes sobre su dis­po­si­ción real para dedi­car tiem­po a sus hijos, des­ta­can­do que la dis­po­si­ción impli­ca moti­va­ción y volun­tad cons­cien­te.

Un aspec­to fun­da­men­tal abor­da­do fue la resig­ni­fi­ca­ción del con­cep­to de ocio. Con­tra­rio a la creen­cia popu­lar de que “el ocio es la madre de todos los vicios”, el maes­tro pre­sen­tó inves­ti­ga­cio­nes de Laz­cano y Sala­zar que demues­tran que el ocio bien con­du­ci­do y super­vi­sa­do es un área fun­da­men­tal de la expe­rien­cia huma­na que favo­re­ce el desa­rro­llo per­so­nal, social y eco­nó­mi­co. El ocio se con­vier­te en un recur­so impor­tan­te para la cali­dad de vida cuan­do los padres super­vi­san las acti­vi­da­des de sus hijos, están pen­dien­tes de cómo hablan, se expre­san y con­vi­ven con otros. Esta super­vi­sión cons­cien­te trans­for­ma el ocio en una herra­mien­ta de desa­rro­llo inte­gral.

Tema 2: Tipos de tiempo libre y sus características

El Maes­tro San­tia­go pre­sen­tó una cla­si­fi­ca­ción deta­lla­da de seis tipos de tiem­po libre, cada uno con carac­te­rís­ti­cas y con­se­cuen­cias espe­cí­fi­cas para el desa­rro­llo fami­liar. El tiem­po acti­vo se defi­ne como aquel que las per­so­nas dedi­can a rea­li­zar acti­vi­da­des que enri­que­cen su per­so­na, don­de al tér­mino de la acti­vi­dad se pue­de eva­luar si hubo un enri­que­ci­mien­to sig­ni­fi­ca­ti­vo median­te pre­gun­tas refle­xi­vas a los hijos sobre cómo se sin­tie­ron, qué pen­sa­ron y qué dis­fru­ta­ron. Este tipo de tiem­po requie­re una con­clu­sión cons­cien­te y retro­ali­men­ta­ción fami­liar para veri­fi­car que efec­ti­va­men­te hubo un enri­que­ci­mien­to mutuo.

El tiem­po pasi­vo repre­sen­ta aque­llas acti­vi­da­des que no pro­du­cen nin­gún tipo de enri­que­ci­mien­to per­so­nal, com­pa­ra­do colo­quial­men­te con “echar la hue­va”. Este tipo de tiem­po pue­de ocu­rrir cuan­do los padres están físi­ca­men­te pre­sen­tes pero men­tal­men­te ausen­tes, como cuan­do pasan tiem­po en el celu­lar mien­tras los hijos los obser­van. Aun­que los padres mere­cen tiem­po para sí mis­mos, es impor­tan­te ubi­car estos tiem­pos para no caer en la sen­sa­ción de haber per­di­do el tiem­po o de que la acti­vi­dad no fue enri­que­ce­do­ra. El tiem­po noci­vo hace refe­ren­cia a accio­nes dañi­nas don­de la per­so­na pue­de no ser cons­cien­te del daño que se cau­sa, pero la socie­dad no ve estas prác­ti­cas como posi­ti­vas, ejem­pli­fi­ca­do con el con­su­mo de alcohol fren­te a los hijos.

El tiem­po lúdi­co se refie­re al modo en que las per­so­nas se divier­ten y jue­gan en una comu­ni­dad, rela­cio­na­do con espa­cios recrea­ti­vos. El maes­tro hizo un con­tras­te nos­tál­gi­co con los jue­gos tra­di­cio­na­les de la infan­cia como las escon­di­das, el bote aven­ta­do, las cani­cas, el trom­po, el yoyo, el bale­ro, el resor­te y brin­car la cuer­da, acti­vi­da­des que pro­mo­vían movi­mien­to y liber­tad. Enfa­ti­zó la impor­tan­cia de res­ca­tar estos jue­gos tra­di­cio­na­les y ense­ñar­los a los hijos, dibu­jan­do con gis en el patio, brin­can­do la cuer­da, o jugan­do jue­gos de mesa como ser­pien­tes y esca­le­ras, la oca, el domi­nó o el lin­ce. El tiem­po eco­am­bien­tal se mani­fies­ta en acti­vi­da­des de fin de sema­na rela­cio­na­das con el cui­da­do del entorno natu­ral, como plan­tar un arbo­li­to, arre­glar el jar­dín o ense­ñar a los hijos a tras­plan­tar plan­tas, desa­rro­llan­do con­cien­cia eco­ló­gi­ca.

Final­men­te, el tiem­po crea­ti­vo hace alu­sión a un dis­fru­te más razo­na­do, liga­do a pro­ce­sos de refle­xión que esti­mu­lan y desa­rro­llan la crea­ti­vi­dad, inno­va­ción y ori­gi­na­li­dad. Ejem­plos inclu­yen coci­nar jun­tos con con­cien­cia sobre higie­ne y cui­da­do de ali­men­tos, dibu­jar, jugar con plas­ti­li­na o tie­rra, per­mi­tien­do que los niños echen a volar su ima­gi­na­ción. El maes­tro citó a Jean Pia­get sobre la impor­tan­cia de la crea­ti­vi­dad en el perio­do pre­ope­ra­cio­nal y de ope­ra­cio­nes con­cre­tas, enfa­ti­zan­do que los padres deben dar aper­tu­ra a esta ori­gi­na­li­dad e ima­gi­na­ción infan­til.

Tema 3: Beneficios psicológicos del tiempo libre

El Maes­tro San­tia­go pre­sen­tó una lis­ta com­prehen­si­va de bene­fi­cios psi­co­ló­gi­cos deri­va­dos del mane­jo ade­cua­do del tiem­po libre. Un bre­ve tiem­po de inac­ti­vi­dad per­mi­te al cere­bro con­so­li­dar­se y orga­ni­zar­se, libe­rán­do­lo del cor­ti­sol gene­ra­do por el estrés dia­rio. El cere­bro es des­cri­to como un “bebe­dor de cor­ti­sol” que nece­si­ta momen­tos de rela­ja­ción para fun­cio­nar ópti­ma­men­te. Este des­can­so per­mi­te repo­ner ener­gías y adqui­rir una nue­va pers­pec­ti­va cuan­do se reto­man las acti­vi­da­des habi­tua­les, per­mi­tien­do rea­li­zar­las con más ganas, entu­sias­mo, áni­mo y moti­va­ción.

Entre los bene­fi­cios espe­cí­fi­cos se encuen­tra la prác­ti­ca de depor­tes para mejo­rar la for­ma físi­ca, escu­char músi­ca para mejo­rar la con­cen­tra­ción (espe­cial­men­te músi­ca clá­si­ca que des­pier­ta la crea­ción e inno­va­ción según mate­má­ti­cos cita­dos), y coci­nar para tener una sali­da crea­ti­va y mejo­rar habi­li­da­des culi­na­rias. La reduc­ción del estrés es uno de los bene­fi­cios más impor­tan­tes para los adul­tos, exis­tien­do téc­ni­cas de afron­ta­mien­to e ino­cu­la­ción del estrés que pue­den imple­men­tar­se. El tiem­po libre mejo­ra sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te la comu­ni­ca­ción fami­liar, aumen­ta la con­cen­tra­ción y pro­mue­ve el desa­rro­llo de la crea­ti­vi­dad en los hijos.

Un bene­fi­cio cru­cial es la con­cen­tra­ción en el aquí y el aho­ra, que per­mi­te con­tro­lar pen­sa­mien­tos y emo­cio­nes, faci­li­tan­do ele­gir cómo reac­cio­nar ante situa­cio­nes difí­ci­les y tomar deci­sio­nes tran­qui­la­men­te, no “con la cabe­za calien­te” como decía la abue­li­ta. El tiem­po libre per­mi­te ser más cons­cien­tes del entorno, pres­tar aten­ción a las per­so­nas y cosas que nos rodean, y ayu­da a cons­truir rela­cio­nes más sóli­das. El maes­tro enfa­ti­zó la impor­tan­cia de pre­gun­tar­se cómo está la rela­ción con cada hijo, reco­no­cien­do que la rela­ción con papá y con mamá no es la mis­ma. Final­men­te, el tiem­po libre nos ayu­da a ser más pro­duc­ti­vos en tareas espe­cí­fi­cas, sien­do menos pro­ba­ble que nos dis­trai­ga­mos, lo que con­du­ce a mayor efi­cien­cia y mejo­res resul­ta­dos.

Tema 4: Consecuencias psicológicas de la falta de tiempo libre

El Maes­tro San­tia­go advir­tió sobre las gra­ves con­se­cuen­cias psi­co­ló­gi­cas que sur­gen cuan­do las fami­lias no mane­jan ade­cua­da­men­te el tiem­po libre, vivien­do bajo estrés y ansie­dad des­adap­ta­ti­va cons­tan­tes. Una con­se­cuen­cia prin­ci­pal es la difi­cul­tad en el desa­rro­llo de la ima­gi­na­ción e impro­vi­sa­ción debi­do a una “agen­da de tiem­po com­ple­to”. Esta situa­ción se ejem­pli­fi­ca con niños que salen de la escue­la y son lle­va­dos secuen­cial­men­te a nata­ción, lec­tu­ra, gim­na­sia, can­to, gui­ta­rra, lue­go a bañar­se, hacer tarea y dor­mir, para repe­tir el ciclo al día siguien­te. Duran­te las vaca­cio­nes de verano, la agen­da per­ma­ne­ce lle­na con regu­la­ri­za­cio­nes y acti­vi­da­des múl­ti­ples, sin tiem­po para que el niño sim­ple­men­te jue­gue y dis­fru­te sus vaca­cio­nes.

Esta sobre­car­ga gene­ra que todo deba cum­plir­se por iner­cia, sin espa­cio para la crea­ti­vi­dad, lle­van­do a los padres a inten­tar con­ver­tir a sus hijos en “Super­man” o “Mujer Mara­vi­lla”, niños “todó­lo­gos” que hacen de todo. El maes­tro expli­có que los niños pare­cen “remo­li­nos” por­que nece­si­tan libe­rar la situa­ción emo­cio­nal acu­mu­la­da por el estrés. Los cam­bios en el esta­do de áni­mo son evi­den­tes, con niños que pre­sen­tan humor dife­ren­te cons­tan­te­men­te, ago­ta­mien­to, estrés y ansie­dad des­adap­ta­ti­va que pue­de agra­var­se con el tiem­po has­ta con­ver­tir­se en ansie­dad gene­ra­li­za­da o tras­tor­nos de ansie­dad.

Las habi­li­da­des socia­les comien­zan a dis­mi­nuir cuan­do los niños pasan todo el tiem­po con dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos o Xbox, per­dien­do la capa­ci­dad de con­vi­vir ade­cua­da­men­te. Se obser­va ais­la­mien­to del gru­po y fal­ta de inte­gra­ción social. No hay espa­cio para la toma de deci­sio­nes ni la solu­ción de pro­ble­mas, habi­li­da­des fun­da­men­ta­les para el desa­rro­llo. Se pier­de la posi­bi­li­dad de com­par­tir acti­vi­da­des en fami­lia, y los niños no saben cómo inte­grar­se en acti­vi­da­des gru­pa­les. Final­men­te, se pue­de obser­var un debi­li­ta­mien­to en la estruc­tu­ra fami­liar (cómo está con­for­ma­da la jerar­quía de papá, mamá, her­ma­nos) y en el víncu­lo fami­liar, don­de los hijos pue­den per­ci­bir a los padres como “el ogro y la bru­ja del cuen­to” mien­tras ven a los abue­los como “la prin­ce­si­ta y el prín­ci­pe”, obe­de­cien­do a los abue­los pero no a los padres.

Tema 5: Estrategias y recomendaciones prácticas

El Maes­tro San­tia­go pre­sen­tó estra­te­gias con­cre­tas que no son “rece­tas de coci­na” pero sí orien­ta­cio­nes psi­co­ló­gi­cas prác­ti­cas para imple­men­tar el tiem­po libre fami­liar. La pri­me­ra estra­te­gia fun­da­men­tal es rega­lar­se unos minu­tos al día para for­ta­le­cer el amor pro­pio, enfa­ti­zan­do que los padres deben pri­me­ro tener amor por sí mis­mos para poder sen­tir y trans­mi­tir amor a sus hijos. Aun­que los padres natu­ral­men­te aman a sus hijos, nece­si­tan pri­me­ro dedi­car­se tiem­po a sí mis­mos. Igual­men­te impor­tan­te es pasar tiem­po con la pare­ja, sugi­rien­do “esca­pa­di­tas de novios” como ir a los taqui­tos de la esqui­na solos, antes de estar con los hijos. La secuen­cia es cla­ra: pri­me­ro tiem­po para uno mis­mo, lue­go tiem­po como pare­ja, y final­men­te tiem­po con los hijos.

La segun­da estra­te­gia impli­ca modi­fi­car hábi­tos y ruti­nas, gene­ran­do cam­bios que mejo­ren el día a día para refle­jar­lo con la pare­ja y la fami­lia. El maes­tro reco­no­ció que esto es un pro­ce­so que requie­re reco­no­cer “sí, la estoy regan­do” y tener dis­po­si­ción para cam­biar. Estos peque­ños cam­bios per­mi­ten mejo­rar y dis­fru­tar todas las eta­pas de vida de los hijos: niñez, pri­me­ra, segun­da y ter­ce­ra infan­cia, puber­tad, ado­les­cen­cia y juven­tud. La ter­ce­ra estra­te­gia con­sis­te en des­cu­brir las pro­pias pasio­nes y hob­bies como padres, invi­tan­do a los hijos a com­par­tir estas pasio­nes, mien­tras tam­bién se des­cu­bren los hob­bies de los hijos. Es impor­tan­te que los hijos conoz­can qué les gus­ta a sus padres, pro­mo­vien­do el des­cu­bri­mien­to mutuo como fami­lia.

Ani­mar­se a rea­li­zar acti­vi­da­des que se dis­fru­tan y com­par­tir­las es otra estra­te­gia cla­ve. El maes­tro sugi­rió encon­trar “el ele­men­to” como Mary Pop­pins, con­vir­tien­do inclu­so el queha­cer domés­ti­co en acti­vi­dad lúdi­ca ponien­do músi­ca que todos dis­fru­ten por tur­nos. Pro­pu­so jue­gos crea­ti­vos como poner en una bol­sa pape­li­tos con las áreas de la casa (recá­ma­ra, coci­na, baño, sala, patio) y que los niños saquen pape­li­tos para deter­mi­nar qué acti­vi­da­des hacer ese día, con­vir­tién­do­lo en jue­go con posi­bles pre­mios o per­mi­sos. Ele­gir una opción que se dis­fru­te y con­ver­tir­la en prio­ri­dad, com­par­tién­do­la con la pare­ja o fami­lia, como un día de cam­po pla­nea­do en vota­ción fami­liar. Final­men­te, no olvi­dar pla­ni­fi­car el tiem­po de ocio en com­pa­ñía de la pare­ja o fami­lia para eli­mi­nar o redu­cir el estrés, como pla­near acti­vi­da­des para vaca­cio­nes de Sema­na San­ta en par­ques, caba­ñas o bal­nea­rios.

Tema 6: Alternativas profesionales y conclusiones

El Maes­tro San­tia­go pre­sen­tó alter­na­ti­vas pro­fe­sio­na­les para fami­lias que, des­pués de inten­tar imple­men­tar las estra­te­gias suge­ri­das, aún expe­ri­men­tan nive­les altos de estrés, fal­ta de comu­ni­ca­ción fami­liar o sien­ten que “se están tro­nan­do los dedi­tos”. Estas alter­na­ti­vas inclu­yen orien­ta­ción psi­co­ló­gi­ca como pri­mer paso, don­de el pro­fe­sio­nal deter­mi­na­rá qué tipo de inter­ven­ción es nece­sa­ria. La psi­co­te­ra­pia indi­vi­dual pue­de ser nece­sa­ria cuan­do un padre o madre nece­si­ta tra­ba­jar aspec­tos per­so­na­les que impi­den la aper­tu­ra al tiem­po libre, explo­ran­do qué está suce­dien­do inter­na­men­te que blo­quea esta dis­po­si­ción.

La psi­co­te­ra­pia de pare­ja se reco­mien­da cuan­do los pro­ble­mas entre los padres están afec­tan­do a los hijos y obs­ta­cu­li­zan­do el tiem­po libre fami­liar. La psi­co­te­ra­pia infan­til es una opción cuan­do los niños “se están salien­do del hua­cal” y nece­si­tan apo­yo pro­fe­sio­nal espe­cí­fi­co. Final­men­te, la tera­pia fami­liar abor­da la diná­mi­ca com­ple­ta del sis­te­ma fami­liar cuan­do todos los miem­bros nece­si­tan tra­ba­jar jun­tos. El maes­tro enfa­ti­zó que antes de recu­rrir a estas alter­na­ti­vas pro­fe­sio­na­les, las fami­lias deben revi­sar y apli­car las estra­te­gias del “qué hacer” pre­sen­ta­das, ya que estas abri­rán el pano­ra­ma de posi­bi­li­da­des.

En sus con­clu­sio­nes, el Maes­tro San­tia­go enfa­ti­zó que sí es posi­ble dis­po­ner­se al tiem­po libre fami­liar si hay dis­po­si­ción genui­na, que impli­ca tener ganas y ham­bre de estar con los hijos. Reco­no­ció que esto es un pro­ce­so que requie­re esfuer­zo, espe­cial­men­te cuan­do hay can­san­cio, pero recor­dó que los hijos cre­cen pron­to y la infan­cia se va rápi­da­men­te. Des­pués ya no habrá tiem­po por­que los hijos esta­rán en sus pro­pios tiem­pos. Ins­tó a apro­ve­char el tiem­po actual para vivir todas las eta­pas con los hijos: niñez, puber­tad, ado­les­cen­cia y juven­tud. Sugi­rió hacer “una rica ceni­ta o comi­di­ta” den­tro de casa como espa­cio de recrea­ción fami­liar. Con­clu­yó que la vida de papá y mamá es mucho más que el tra­ba­jo y las res­pon­sa­bi­li­da­des, y que rega­lar pre­sen­cia a los hijos es una for­ma de amar­los pro­fun­da­men­te. La refle­xión final invi­tó a pen­sar “cómo que­re­mos que nos recuer­den” nues­tros hijos, y que todo comien­za con volun­tad y pro­pó­si­to.

Hablemos de competencias parentales — Psic. María Fernanda Nava Zamora

Esta con­fe­ren­cia abor­dó el tema de las com­pe­ten­cias paren­ta­les, pre­sen­ta­da por la psi­có­lo­ga María Fer­nan­da Nava Zamo­ra como par­te de la escue­la para padres de Amap­si. La ponen­te expli­có que las com­pe­ten­cias paren­ta­les son el con­jun­to de cono­ci­mien­tos, capa­ci­da­des, dis­po­si­cio­nes y habi­li­da­des que tie­nen los padres, madres o adul­tos res­pon­sa­bles para ejer­cer la crian­za con el fin de cui­dar, edu­car y for­mar a niños, niñas y ado­les­cen­tes.

Conceptos clave

  • Las com­pe­ten­cias paren­ta­les se divi­den en: vin­cu­la­res (ape­go), pro­tec­to­ras (cui­da­do), for­ma­ti­vas (edu­ca­ción) y refle­xi­vas (auto­eva­lua­ción)
  • Exis­ten dos tipos de paren­ta­li­dad: bio­ló­gi­ca y social, sien­do esta últi­ma la que se desa­rro­lla con el tiem­po
  • Las com­pe­ten­cias paren­ta­les no son inna­tas, sino que se apren­den, desa­rro­llan y prac­ti­can
  • Estas com­pe­ten­cias evo­lu­cio­nan según la eta­pa de desa­rro­llo del niño o ado­les­cen­te

Preguntas importantes

  • ¿Cómo pue­den los abue­los que son cui­da­do­res desa­rro­llar com­pe­ten­cias paren­ta­les efec­ti­vas?
  • ¿Cómo mane­jar las dife­ren­cias entre los esti­los de crian­za de padres y abue­los?
  • ¿Cómo adap­tar las com­pe­ten­cias paren­ta­les a las dife­ren­tes eda­des de los hijos?
  • ¿Cómo equi­li­brar el uso de la tec­no­lo­gía con una comu­ni­ca­ción fami­liar efec­ti­va?

Competencias parentales y su importancia

Las com­pe­ten­cias paren­ta­les son el con­jun­to de cono­ci­mien­tos, capa­ci­da­des y habi­li­da­des que per­mi­ten a los padres, madres o cui­da­do­res ejer­cer ade­cua­da­men­te su rol en la crian­za. La psi­có­lo­ga María Fer­nan­da expli­có que estas com­pe­ten­cias no vie­nen auto­má­ti­ca­men­te con la pro­crea­ción de un hijo (paren­ta­li­dad bio­ló­gi­ca), sino que se desa­rro­llan con el tiem­po (paren­ta­li­dad social).

Un aspec­to fun­da­men­tal es que estas com­pe­ten­cias no son está­ti­cas, sino que evo­lu­cio­nan según la eta­pa de desa­rro­llo del niño. No es lo mis­mo criar a un bebé que a un ado­les­cen­te, por lo que los padres deben adap­tar­se cons­tan­te­men­te. Ade­más, muchas de estas com­pe­ten­cias se basan en mode­los apren­di­dos duran­te nues­tra pro­pia infan­cia, aun­que siem­pre exis­te la posi­bi­li­dad de modi­fi­car­los y mejo­rar­los.

Las com­pe­ten­cias paren­ta­les se divi­den en cua­tro cate­go­rías prin­ci­pa­les:

  1. Com­pe­ten­cias vin­cu­la­res: Rela­cio­na­das con el ape­go y el desa­rro­llo socio­emo­cio­nal. Inclu­yen la capa­ci­dad de mos­trar afec­to, vali­dar emo­cio­nes, escu­char acti­va­men­te y sin­to­ni­zar emo­cio­nal­men­te con los hijos.
  2. Com­pe­ten­cias for­ma­ti­vas: Diri­gi­das a favo­re­cer el desa­rro­llo, apren­di­za­je y socia­li­za­ción. Inclu­yen esta­ble­cer ruti­nas, hora­rios, reglas cla­ras y expli­car el por­qué de las nor­mas.
  3. Com­pe­ten­cias pro­tec­to­ras: Enfo­ca­das en el cui­da­do físi­co y emo­cio­nal. Abar­can des­de la ali­men­ta­ción y salud físi­ca has­ta la pro­tec­ción emo­cio­nal y la edu­ca­ción sexual.
  4. Com­pe­ten­cias refle­xi­vas: Impli­can la capa­ci­dad de los padres para auto­eva­luar­se, moni­to­rear su desem­pe­ño y refle­xio­nar sobre su rol paren­tal.

Desarrollo de competencias parentales

Las com­pe­ten­cias paren­ta­les pue­den fomen­tar­se de diver­sas mane­ras. La ponen­te des­ta­có la impor­tan­cia de las mues­tras de afec­to, los diá­lo­gos for­ma­ti­vos, la orga­ni­za­ción de momen­tos exclu­si­vos para com­par­tir en fami­lia y la refle­xión sobre cómo las accio­nes y emo­cio­nes de los padres impac­tan en el desa­rro­llo de los hijos.

Un pun­to impor­tan­te es la comu­ni­ca­ción efec­ti­va. María Fer­nan­da men­cio­nó la nece­si­dad de escu­char real­men­te a los hijos, no solo físi­ca­men­te sino “con los ojos”, pres­tan­do total aten­ción. Esto impli­ca dejar de lado dis­trac­cio­nes como los telé­fo­nos celu­la­res duran­te estos momen­tos de cone­xión.

Tam­bién se abor­dó la impor­tan­cia de vali­dar las emo­cio­nes de los niños. En lugar de decir­les “no llo­res” o “no te eno­jes”, es más efec­ti­vo ayu­dar­les a regu­lar sus emo­cio­nes, reco­no­cien­do que todas las emo­cio­nes son váli­das, aun­que deba­mos con­tro­lar las accio­nes deri­va­das de ellas.

La ponen­te enfa­ti­zó que las com­pe­ten­cias paren­ta­les tie­nen un impac­to direc­to en el desa­rro­llo pre­sen­te y futu­ro de los hijos. Lo que apren­dan en su infan­cia y ado­les­cen­cia les ser­vi­rá para toda la vida, influ­yen­do en su capa­ci­dad para comu­ni­car­se, resol­ver con­flic­tos y desa­rro­llar resi­lien­cia.

Conclusiones y reflexiones finales

La psi­có­lo­ga María Fer­nan­da con­clu­yó des­ta­can­do que las com­pe­ten­cias paren­ta­les siem­pre pue­den apren­der­se y desa­rro­llar­se. Gra­cias a la plas­ti­ci­dad cere­bral, todos tene­mos la capa­ci­dad de adap­tar­nos, cam­biar y mejo­rar nues­tras habi­li­da­des como padres.

Es impor­tan­te que los padres refle­xio­nen cons­tan­te­men­te sobre su rol, eva­luan­do qué aspec­tos de su crian­za fun­cio­nan y cuá­les podrían mejo­rar. No se tra­ta de ser per­fec­tos, sino de estar dis­pues­tos a apren­der y adap­tar­se a las nece­si­da­des cam­bian­tes de los hijos en cada eta­pa de su desa­rro­llo.

La ponen­te tam­bién des­ta­có la impor­tan­cia de la comu­ni­ca­ción fami­liar y el esta­ble­ci­mien­to de reglas cla­ras y con­sis­ten­tes, espe­cial­men­te cuan­do hay varios adul­tos invo­lu­cra­dos en la crian­za (como padres y abue­los).

Final­men­te, se enfa­ti­zó que el obje­ti­vo de desa­rro­llar com­pe­ten­cias paren­ta­les es garan­ti­zar el bien­es­tar físi­co y emo­cio­nal de los niños, niñas y ado­les­cen­tes, pre­pa­rán­do­los para ser adul­tos salu­da­bles, resi­lien­tes y capa­ces de esta­ble­cer rela­cio­nes posi­ti­vas.