Foto: Dry Hundred Fear

Uno de los problemas básicos de la civilización occidental es la postulación de modelos considerados como idóneos o normales y con base en ellos discriminar a quienes no cumplen con esas expectativas ideológicas. Así condenaron a Sócrates a beber la cicuta por no apegarse a absurdas leyes al promover la reflexión y el análisis crítico en sus discípulos, por lo que el tribunal lo consideró como desconocedor de los dioses y corruptor de los jóvenes. Alejandro Magno fue el primero que quiso conquistar el mundo para imponer en todos lados el modelo de democracia ateniense y así civilizar a los llamados pueblos “bárbaros”, por no tener un modo de vida como el de los griegos.

De la misma manera, actualmente se llama “indígenas” a quienes no se han incorporado al modo de vida occidental, en lugar de reconocer diversas formas válidas de organización social y de vida cultural en cada uno de esos pueblos que han logrado sobreponerse durante más de 500 años a dicho proceso “civilizatorio”.  Todavía mucha gente considera que la heterosexualidad es lo “normal” y por tanto asume como “anormales” a otras configuraciones de identidad y preferencia sexual.

En el mismo sentido se habla de “discapacitados” o “minusválidos” para referirse a las personas que carecen de algunas de las capacidades consideradas “normales”, no obstante que muchos de ellos tienen otras capacidades superiores. Por ejemplo, personas que no tienen la capacidad visual (ciegos) suelen tener elevadas capacidades auditivas, táctiles, olfativas y cognitivas, que no tienen los que sí pueden ver. Personas sin vista suelen ser excelentes músicos, capaces de reconocer billetes y otros objetos mediante el tacto, captar aromas que les orientan, manejar el ábaco a velocidades impresionantes y construir argumentaciones lógicas sofisticadas. Quienes tienen menos capacidad auditiva, generalmente desarrollan posibilidades visuales, de memoria y de orientación geográfica superiores a la mayoría. Los que no tienen la posibilidad de articular sonidos verbales pueden ser excelentes dibujantes, deportistas, escritores, bailarines o instrumentistas. Las personas con lesiones en la corteza cerebral que tienen dificultad para la organización lógica de su pensamiento (conocido como “retardo mental”) suelen tener una sensibilidad emocional superior, que al ser valorada y educada podría desarrollar elevadas e importantes posibilidades afectivas.

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